Adrien encontró la caja color crema a las 00:41.
Estaba debajo de mi servilleta.
María dijo que la abrió pensando que encontraría otra joya devuelta.
En cambio, vio los diminutos calcetines blancos.
Después la prueba.
Dos líneas.
Adrien se sentó lentamente.
—¿Está embarazada?
María comenzó a llorar.
Él tomó su teléfono.
Diecisiete llamadas.
Veintitrés.
Treinta y una.
Yo no respondí ninguna.
Entonces Adrien hizo lo que siempre hacía cuando algo escapaba de su control.
Movilizó a todo el mundo.
Pero antes de que sus hombres pudieran localizarme, Vanessa Cole entró en el ático.
—Adrien, tenemos un problema.
Él levantó la mirada.
—Mi esposa vio la fotografía.
Vanessa palideció.
—¿Qué fotografía?
Adrien le mostró la imagen del hotel.
Ella la examinó.
—Está recortada.
Sacó su teléfono.
La fotografía completa mostraba a Vanessa junto a Adrien.
Pero también aparecía un tercer hombre.
Richard Vale.
El contador que llevaba seis meses desaparecido después de robar millones a la organización Moretti.
—Vanessa estaba infiltrada —explicó Adrien más tarde—. “Quédate con ella” significaba mantenerla en la operación hasta encontrar a Vale.
Pero aquella explicación llegó demasiado tarde.
Porque yo ya estaba camino de una pequeña casa que mi madre me había dejado en Connecticut.
A las tres de la madrugada, alguien golpeó la puerta.
Pensé que Adrien me había encontrado.
No era él.
Era Vanessa.
Retrocedí.
—No quiero escucharte.
—Entonces no me escuches. Mira esto.
Me entregó una carpeta.
Dentro había fotografías mías.
Saliendo del hospital.
Entrando en mi consulta.
Comprando la prueba de embarazo.
Una había sido tomada tres días antes.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Adrien me estaba vigilando?
—No.
Vanessa señaló una marca en la esquina.
—Vale.
Levanté los ojos.
—¿Por qué alguien de vuestro mundo estaría siguiéndome?
Vanessa permaneció callada demasiado tiempo.
Después sacó una fotografía antigua.
Adrien aparecía veinte años más joven junto a mi padre.
El hombre al que yo creía muerto desde los doce años.
—Tu padre trabajaba con los Moretti.
—Eso es mentira.
—Tu padre era quien llevaba las cuentas que nadie debía encontrar.
Mi mano descendió instintivamente hacia mi vientre.
Vanessa lo notó.
—Por eso Adrien llevaba meses alejándose de ti.
—¿Para protegerme?
—Para encontrar a Vale antes de que Vale descubriera que estabas embarazada.
Se me heló la sangre.
—Adrien no sabía lo del bebé.
Vanessa frunció el ceño.
—Entonces tenemos un problema mucho peor.
Su teléfono vibró.
Leyó el mensaje y perdió el color.
Me mostró la pantalla.
Era una fotografía tomada hacía segundos.
Adrien estaba arrodillado en nuestro ático.
Un arma apuntaba contra su cabeza.
Detrás de él estaba Richard Vale.
Pero el mensaje que acompañaba la imagen no estaba dirigido a Adrien.
Estaba dirigido a mí.
“Trae al heredero Moretti antes del amanecer o tu marido muere.”
Vanessa me miró.
—Nadie sabía que estabas embarazada.
Observé nuevamente la fotografía.
Entonces comprendí lo verdaderamente aterrador.
Alguien sí lo sabía.
Y solo tres personas habían tenido acceso a mi expediente médico.
Una de ellas era María.
