El puño de Bryce pasó rozándome la mandíbula.
No respondí con un golpe. Giré el cuerpo, guié su brazo fuera de su línea y usé su propio impulso para hacerlo perder el equilibrio. Cayó de lado sobre la lona. En el mismo movimiento, liberé a Evan y me arrodillé junto a él.
—Respira despacio. Ya terminó.
Evan tosió y se llevó una mano al pecho. Rosa llegó corriendo con una botella de agua. Joey seguía grabando; el teléfono captaba cada segundo.
Bryce se levantó furioso.
—¡Me atacaste!
—Te pedí que lo soltaras. Él hizo tapping dos veces.
—¡Es parte del entrenamiento!
—No cuando alguien ya no puede respirar.
Bryce avanzó hacia mí. Esta vez Marcus se interpuso. Era un veterano de pocas palabras, pero su presencia bastó para que Bryce se detuviera.
—Todo quedó grabado —dijo Joey desde el trípode—. Incluido el primer golpe.
Dennis, el dueño del gimnasio, apareció desde su oficina. Miró a Bryce, luego a Evan y finalmente a mí.
—¿Qué pasó?
Nadie contestó de inmediato. Después Evan, aún respirando con dificultad, levantó la mano.
—Le pedí que parara. El señor solo intentó ayudarme.
Dennis apretó los labios.
—Podemos hablarlo en privado.
—No —dije—. La clase entera lo vio. Y el teléfono también.
Al oír eso, Bryce miró hacia la cámara. Por primera vez, su sonrisa desapareció.
Marcus seguía observándome. Se acercó despacio, como si intentara unir mi rostro con un recuerdo antiguo.
—¿Usted entrenaba en el circuito nacional? —preguntó.
No respondí.
—Lo recuerdo —continuó—. El torneo de 1996. Después de aquella lesión, usted dejó de competir y desapareció.
El gimnasio quedó en silencio.
Bajé la mirada hacia mis manos. Aún recordaba la decisión que tomé aquel año: había permitido que un atleta lesionado siguiera entrenando porque no quise detener la sesión. Su carrera terminó esa tarde.
—Cometí un error —dije—. Y pasé años evitando la lona.
Evan se incorporó con ayuda de Rosa.
—Pero hoy sí se detuvo a tiempo.
Entonces Joey miró su pantalla, pálido.
—Señor… el video ya se está compartiendo en vivo.
Y alguien acababa de comentar usando el nombre del muchacho al que yo no pude proteger en 1996.
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