PARTE 2 — LA FOTOGRAFÍA QUE CAMBIÓ TODO

Julián abrió la carpeta, pero no me mostró una imagen del hospital.

Era una fotografía granulada de la cámara de seguridad de la casa. La fecha y la hora aparecían impresas en una esquina: la noche de mi caída.

Reconocí el balcón. Reconocí el vestido que llevaba.

Y reconocí a Mauricio detrás de mí.

—¿Él estaba allí? —pregunté.

—Sí —dijo Julián—. El video se recuperó del sistema de la casa esta mañana.

La imagen mostraba a Mauricio entrando en la sala con el teléfono en la mano. Yo aparecía al fondo, mirando la pantalla. Después se veía a Rosa Elena cruzar la puerta con su propia llave.

Julián pasó a la siguiente fotografía.

Mauricio señalaba el balcón. Su madre miraba hacia mí.

La tercera imagen hizo que se me helara la sangre.

Rosa Elena tenía una mano en mi espalda. Mauricio estaba a pocos pasos, inmóvil. No intentaba detenerla. No llamaba a emergencias. Solo miraba.

—¿Quién tomó estas fotos? —susurré.

—La cámara del sistema doméstico. Mauricio desconectó el audio, pero olvidó que las imágenes se guardaban en una cuenta externa.

Me costó respirar. Durante días había pensado que la caída ocurrió en medio de una discusión descontrolada. La fotografía demostraba que Mauricio no solo había estado presente.

Había visto a su madre empujarme.

—¿Y Lorena? —pregunté.

Julián abrió otra página. Era una captura de los mensajes que yo había encontrado. Entre ellos había uno enviado esa misma noche:

«Cuando ella deje de ser un problema, nos iremos juntos».

Debajo, Mauricio había respondido:

«Mi madre se encargará».

Cerré los ojos. No lloré. La mujer que había pasado dos días atrapada en un corsé ortopédico ya había llorado suficiente.

—¿Lo detuvieron?

—Lo estamos localizando. Cuando recibió la noticia de que su madre estaba arrestada, dejó su casa y apagó el teléfono.

Julián guardó las fotografías.

—Hay algo más. Antes de desaparecer, Mauricio retiró documentos de una caja fuerte. Creemos que buscaba el original de un testamento.

En ese instante, la puerta de mi habitación se abrió.

Una enfermera entró con una bolsa de pertenencias. Dentro estaba mi anillo de bodas y una nota doblada.

Reconocí la letra de Mauricio.

«Si quieres saber por qué tu suegra te eligió a ti, pregúntale a tu madre».

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