Ethan miró hacia las puertas del ascensor, donde Victoria seguía esperando.
—¿Qué decía esa carta?
—Que no volviera a buscarte. Que ya habías elegido una vida sin mí.
El color abandonó su rostro.
—Yo nunca te escribí eso.
Saqué el sobre de mi bolso. Lo había llevado conmigo durante años, aunque nunca entendí por qué. En el frente estaba mi nombre, escrito a mano. La firma de Ethan aparecía al final.
Él reconoció el membrete.
—Esto salió de la oficina de mi padre.
—¿Qué?
—Yo trabajaba allí entonces. Pero esa carta no es mía.
Victoria llegó hasta nosotros. Su expresión seguía serena, aunque sus ojos ya no.
—Ethan, los invitados están esperando.
Él no se volvió.
—¿Quién envió esto? —preguntó, sin apartar la vista del papel.
—Me lo entregó un mensajero dos días después de que desaparecieras —respondí—. Llamé a tu oficina. Me dijeron que no querías hablar conmigo.
—Yo nunca recibí tus llamadas.
Una puerta se abrió al final del pasillo y apareció un hombre mayor con bastón. Reconocí su rostro por las fotografías que Ethan me había mostrado años atrás.
Su padre.
Miró primero el sobre, luego a Leo.
—Así que finalmente lo encontraste —dijo.
Ethan se interpuso entre él y nosotros.
—¿Qué hiciste?
El hombre no respondió. Solo miró a Victoria.
Fue un gesto breve, casi imperceptible. Pero ella lo vio y apretó la mandíbula.
—Tú dijiste que ella se había marchado —le reprochó Ethan.
—Era lo mejor para ambos.
—¿Y nuestro hijo también era “lo mejor”?
Leo escondió la cara contra mi hombro. El tono de los hombres lo había asustado.
—No delante de él —dije, y di un paso atrás.
Ethan se volvió hacia mí. Por primera vez, no intentó tocarme ni pedir una explicación.
—Sarah, necesito saber qué pasó.
—Yo también necesitaba saberlo. Durante dos años y medio.
Victoria tomó su brazo.
—Ethan, la ceremonia empieza en veinte minutos.
Él apartó la mano de ella con cuidado.
—La ceremonia queda cancelada.
Entonces su padre levantó el bastón y señaló el sobre.
—Antes de acusarme, mira lo que hay dentro.
Ethan abrió la carta por segunda vez. Una hoja pequeña cayó al suelo.
No era una nota.
Era una fotografía de mí saliendo del hospital, con Leo recién nacido en brazos.
En el reverso había una fecha anterior a la carta.
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