A la mañana siguiente, envié mi renuncia y confirmé el traslado a Alemania.
Mi jefa me llamó de inmediato.
—¿Estás segura, Sophie? El proyecto internacional depende de tu equipo.
—Mi equipo seguirá trabajando. Yo ya no puedo quedarme aquí.
No le conté lo de Daniel ni lo de Chloe.
Solo pedí que iniciaran la transición formal y que cambiaran mis credenciales de acceso.
A las nueve, mi suegra llamó siete veces.
A las diez, Daniel apareció en mi despacho.
—No puedes irte así —dijo.
—Ya me fui. Solo falta que entregue mis responsabilidades.
—Podemos hablarlo en casa.
—No voy a volver a esa casa.
Por primera vez, pareció comprender que no estaba amenazándolo.
—Sophie, Chloe no significa nada.
—Entonces debió ser fácil decirle que se marchara.
Daniel bajó la voz.
—Mi familia necesita tiempo.
—Tu familia ha tenido ocho años.
Entró una notificación en mi computadora: alguien había intentado descargar documentos confidenciales del proyecto durante la noche.
El acceso pertenecía a Chloe.
Mi expresión cambió.
—¿Qué pasa? —preguntó Daniel.
—Eso ya no es asunto tuyo.
Llamé al departamento de seguridad informática y solicité que preservaran los registros de acceso.
Chloe había abierto archivos que no formaban parte de sus funciones.
También había enviado varios documentos a una dirección personal vinculada con la empresa de Daniel.
Él se quedó blanco cuando le enseñé el informe preliminar.
—No sabía que había hecho eso.
—Claro.
—Sophie, puedo arreglarlo.
—No. Ya avisó mi empresa a sus abogados.
Daniel se acercó, pero levanté una mano.
—No vuelvas a usar mi nombre para tus negocios.
Esa tarde, mi abogada revisó los pagos que yo había hecho durante años.
Encontró una garantía bancaria asociada a la empresa de Daniel.
Yo no la había firmado.
El documento llevaba mi nombre, mi número de identificación y una firma que se parecía a la mía.
—Esto puede ser falsificación —dijo ella—. Si la empresa incumple, podrían intentar cobrarte a ti.
Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.
Era Daniel.
“Tenemos que hablar ahora. El banco acaba de llamar.”
Después llegó otro mensaje.
“Dicen que la garantía está vencida y que la deuda es de ocho millones.”