El estudio quedó en silencio.
Adrian miró a Leo, después a mí.
—¿Qué le has dicho de mí? —preguntó.
—La verdad —respondí—. Que alguien nos hizo daño y que tuvimos que aprender a seguir adelante.
Leo no soltó mi mano.
Adrian se agachó frente a él.
—No sabía que existías.
—Pero sí sabías que mi mamá estaba sola —dijo Leo.
Adrian abrió la boca, pero no encontró respuesta.
El director intentó reanudar la grabación.
—Seguimos en directo en treinta segundos.
—Apague las cámaras —ordenó Adrian.
—No puede —dijo el productor—. El programa está saliendo en vivo.
Una luz roja seguía encendida sobre la cámara principal.
Adrian se levantó y me pidió hablar a solas.
—No tenemos nada que hablar.
—Emily, por favor. Necesito saber si Leo es mío.
—¿Ahora necesitas saberlo?
Su rostro se contrajo.
—Haré una prueba de ADN.
—Haz lo que quieras. Pero no conviertas a mi hijo en otro de tus contratos.
Leo me tiró suavemente de la manga.
—Mamá, ¿puedo empezar a negociar?
El director, nervioso, asintió.
Los niños recibieron sus cien dólares y salieron con sus madres hacia el mercado preparado para el programa.
Leo no compró primero.
Observó los puestos, comparó precios y preguntó qué productos sobraban al final del día.
En pocos minutos, había intercambiado verduras por huevos y consiguió pollo a mitad de precio al prometer que mencionaría el puesto durante la emisión.
Adrian seguía mirándolo.
Entonces apareció Sophia, impecable, con gafas oscuras y una sonrisa tensa.
—Adrian, tenemos que irnos.
—¿Qué haces aquí?
Ella me miró y luego clavó los ojos en Leo.
—Esto es una trampa. Emily siempre quiso volver a tu vida.
—¿Quién editó el video que destruyó mi carrera? —pregunté.
Sophia se quedó inmóvil.
Adrian giró lentamente hacia ella.
—Me dijiste que Emily había filtrado aquellas imágenes.
—Yo solo intentaba protegerte.
—¿Protegerme de qué?
Sophia vio la cámara encendida y bajó la voz.
Pero el micrófono de su solapa seguía transmitiendo.
—Si Leo descubre quién fabricó el video, sabrá por qué tuve que hacer que desapareciera su madre.
La sonrisa de Adrian se borró.
Y Leo, que había vuelto con una bolsa de comida, levantó la cabeza.
—¿Qué video?