PARTE 2: Clara no había llegado a aquella casa por casualidad

Mi madre apretó la mano de Clara.

—Su apellido verdadero no es Reed.

Clara cerró los ojos.

—Mamá, ¿qué estás diciendo?

Eleanor señaló el cajón de su escritorio.

—Ábrelo.

Dentro encontré un sobre amarillento.

Había una fotografía tomada veintiséis años atrás.

Mi padre aparecía junto a una mujer joven que sostenía un bebé.

En el reverso estaba escrito:

“Margaret y Clara. Primavera de 1999.”

Miré a Clara.

—¿Quién es Margaret?

Su voz apenas salió.

—Mi madre.

Sentí que algo se tensaba dentro de mí.

—¿Por qué mi padre estaba con vosotras?

Eleanor respiró lentamente.

—Porque Margaret trabajaba para nuestra familia.

Mi padre había tenido una relación con ella.

Cuando quedó embarazada, el escándalo podía destruir su matrimonio y varias alianzas familiares.

Así que pagó para que desapareciera.

—¿Estás diciendo que Clara es hija de mi padre?

—No.

La respuesta llegó demasiado rápido.

Mi madre me miró fijamente.

—Margaret estaba embarazada, pero Clara no era aquella bebé.

Fruncí el ceño.

Entonces Clara comenzó a llorar.

—Mi hermana se llamaba Rose.

Eleanor continuó.

Rose había nacido con una enfermedad congénita.

Murió antes de cumplir tres años.

Margaret jamás volvió a pedir dinero.

Hasta meses antes de morir.

Entonces envió una carta.

Clara la había encontrado después del funeral.

—¿Qué decía?

Clara abrió su bolso y sacó una hoja doblada.

Me la entregó.

Mi padre había mantenido durante años una cuenta secreta destinada a Rose.

Después de la muerte de la niña, el dinero nunca llegó a Margaret.

Alguien siguió retirándolo.

Millones.

Durante más de veinte años.

—Entré aquí para descubrir quién —dijo Clara.

Mi expresión se endureció.

—¿Y mi madre lo sabía?

—Lo descubrí hace tres semanas —respondió Eleanor.

Después señaló su mesita.

Había una memoria USB.

—Por eso le pedí que no se fuera.

La conecté al ordenador.

Extractos bancarios.

Transferencias.

Empresas fantasma.

Pagos realizados desde cuentas pertenecientes a mi padre mucho después de su muerte.

Entonces apareció un nombre que reconocí.

Hale Medical Foundation.

La fundación que financiaba el tratamiento de mi madre.

—Eso es imposible.

Clara negó lentamente.

—Revisa los beneficiarios.

Abrí el archivo.

Uno de ellos recibía dinero cada mes desde hacía dieciocho años.

Thomas Hale.

Mi tío.

El hermano menor de mi padre.

Supuestamente muerto desde que yo tenía dieciséis años.

Me giré hacia mi madre.

Pero Eleanor ya estaba llorando.

—Bennett, hay algo más.

—¿Qué?

Me agarró de la muñeca.

—Tu padre no creó esa cuenta para mantener a Rose.

Su respiración se volvió débil.

—La creó para comprar el silencio de Margaret.

—¿Sobre qué?

Clara bajó la mirada.

Mi madre respondió:

—Sobre la noche en que Thomas desapareció.

Entonces sacó otra fotografía.

En ella estaban mi padre, Thomas y Margaret frente a esta misma mansión.

La fecha era posterior al supuesto funeral de mi tío.

Y detrás de ellos aparecía un niño.

Yo.

—Thomas nunca murió —susurró mi madre.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Eleanor negó con la cabeza.

—Eso no es lo peor.

Miró a Clara.

—Dile por qué tu madre te ordenó buscar específicamente a Bennett.

Clara levantó los ojos, llena de lágrimas.

—Porque antes de morir me dijo que Thomas Hale era mi padre.

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