PARTE 2: EL NOMBRE QUE DOMINIC RECONOCIÓ

Sophie se acomodó contra el pecho de Dominic y cerró los ojos.

Él siguió arrodillado, sosteniéndola con una delicadeza que ninguno de sus hombres había visto jamás.

—¿Cuánto tiempo lleva sin recibir un abrazo de su padre? —me preguntó.

—Desde que nació.

Su mirada se volvió más oscura.

—¿Cómo se llama?

—No lo sé.

Dominic frunció el ceño.

—¿No lo sabe?

—Se marchó antes de que Sophie naciera. Nunca volvió a buscarme.

El silencio en el pasillo se hizo pesado.

Dominic miró el rostro dormido de mi hija.

—¿Te dijo alguna vez que tenía un hermano?

Negué con la cabeza.

—¿O que conocía a los Valenti?

Mi cuerpo se tensó.

—¿Por qué me pregunta eso?

No contestó enseguida.

Con cuidado, apartó un mechón de cabello de la frente de Sophie.

—Porque sus ojos son los de mi hijo.

Sentí que el suelo se inclinaba bajo mis pies.

—Eso es imposible.

—¿Cómo se llamaba el hombre que te dejó?

—Matteo.

Uno de los guardias bajó la mirada.

Enzo, que acababa de llegar, se quedó inmóvil detrás de Dominic.

—Matteo Valenti —dijo Dominic—. Mi único hijo.

El aire abandonó mis pulmones.

Conocí a Matteo cuando trabajaba en un restaurante del centro.

Me dijo que su familia estaba lejos y que quería empezar de nuevo.

Una mañana desapareció sin despedirse.

Meses después descubrí que estaba embarazada.

—¿Usted sabía de mí? —pregunté.

Dominic sostuvo mi mirada.

—Tu nombre apareció en un informe cuando solicitaste trabajo aquí. Reconocí la fotografía. Quería preguntarte, pero no sabía si Matteo te había contado quién era.

—No me contó nada.

—Y yo no sabía que tenía una hija.

Sophie despertó en sus brazos.

—¿Ya pasaron los cinco minutos?

Por primera vez, Dominic sonrió de verdad.

—Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

Ella le tocó la mejilla.

—¿Conoces a mi papá?

Dominic cerró los ojos un instante.

—Sí, pequeña.

Entonces Enzo recibió una llamada y se apartó hacia la ventana.

Su expresión cambió mientras escuchaba.

—Señor, encontraron el coche de Matteo cerca del puerto.

Dominic se puso de pie con Sophie en brazos.

—¿Y él?

Enzo miró hacia mí.

—Está vivo. Y acaba de preguntar por Claire y por su hija.

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