PARTE 2: LA AMENAZA QUE CLAIRE ESCONDIÓ DURANTE SIETE MESES

—¿Quién la amenazó?

La enfermera tragó saliva.

—No puedo decírselo aquí.

Antes de que pudiera insistir, las alarmas volvieron a sonar detrás del cristal.

—¡Desprendimiento de placenta!

—¡Preparen quirófano!

Las puertas se abrieron.

Empujaron la camilla de Claire hacia el ascensor.

Corrí detrás.

—Claire.

Sus ojos se abrieron apenas.

—Dominic…

Me incliné.

—Estoy aquí.

Su mano ensangrentada agarró débilmente mi muñeca.

—No dejes… que se lleven al bebé.

Me quedé helado.

—¿Quién?

Pero Claire perdió el conocimiento.

Las puertas del ascensor se cerraron.

Me volví hacia Ethan.

—Cierra este hospital.

Vanessa soltó una risa nerviosa.

—Dominic, estás exagerando.

La miré.

Por primera vez desde que había comenzado nuestra aventura, sentí algo distinto al deseo cuando la veía.

Sospecha.

—¿Cómo sabías que Claire me había dejado exactamente siete meses atrás?

Vanessa parpadeó.

—Todo el mundo lo sabe.

—No.

Di un paso hacia ella.

—Todos saben que estamos separados. Solo cuatro personas conocen la fecha exacta.

Vanessa palideció.

Ethan también lo notó.

—Jefe.

Me entregó una bolsa transparente.

Dentro estaba el teléfono destrozado de Claire.

—Lo encontraron en el coche.

—¿Algo más?

—Sí.

Sacó una pequeña grabadora.

—Estaba cosida dentro de su abrigo.

La encendimos.

Primero escuchamos lluvia.

Después, la respiración de Claire.

Luego una voz masculina.

“Toma la salida del puente. No hagas nada estúpido.”

Mi sangre se congeló.

Claire respondió:

“Ya hice exactamente lo que querían. Dejé a Dominic. Desaparecí. ¿Qué más quieren?”

La voz contestó:

“Al niño.”

Vanessa dejó de respirar.

La grabación continuó.

Claire lloraba.

Nunca había escuchado a mi esposa llorar así.

“Él no sabe que existe.”

“Y seguirá sin saberlo.”

Después se oyó un golpe.

Neumáticos.

Un grito.

La grabación terminó.

Miré a Ethan.

—Encuentra esa voz.

—Ya estoy en ello.

Vanessa tomó su bolso.

—Yo debería irme.

—No.

Se detuvo.

—Dominic…

—Te quedarás.

—No tienes derecho a retenerme.

—Entonces llama a la policía.

No lo hizo.

Veintiocho minutos después salió el obstetra.

Tenía sangre en la bata.

—Señor Moretti.

Me puse de pie.

—¿Claire?

—Está viva.

Mis piernas casi cedieron.

—¿El bebé?

—Un niño.

Un hijo.

Sentí que aquellas dos palabras me atravesaban.

—Está en cuidados intensivos neonatales. Nació con treinta y dos semanas y sufrió estrés durante el accidente, pero tiene actividad cardíaca estable.

—¿Puedo verlo?

—En unos minutos.

—¿Y mi esposa?

El médico guardó silencio.

—La hemorragia fue grave. Las próximas horas son críticas.

Me apoyé contra la pared.

Entonces Ethan regresó.

—Encontramos algo.

Me llevó aparte.

—El accidente no fue accidental. Otro vehículo golpeó el lateral de Claire antes del puente.

—¿Matrícula?

—Robada.

—Conductor.

—Todavía no.

Me entregó fotografías recuperadas de una cámara de tráfico.

Un sedán negro seguía a Claire.

Pero había otro vehículo más atrás.

Reconocí el Mercedes.

Era de Vanessa.

La miré al otro extremo del pasillo.

—Explícame esto.

Le enseñé la fotografía.

Su rostro se volvió blanco.

—Yo seguía a Claire.

—¿Por qué?

—Porque sabía que estaba embarazada.

El mundo se quedó en silencio.

—¿Desde cuándo?

—Desde el principio.

Ethan dio un paso hacia ella.

Yo levanté una mano.

—Habla.

Vanessa empezó a llorar.

—Claire me llamó hace siete meses.

No podía creerlo.

—¿Por qué te llamaría a ti?

—Porque recibió fotografías nuestras.

Sentí un golpe seco en el pecho.

—¿Qué fotografías?

—Del hotel. De mi apartamento. De nosotros.

Claire lo sabía.

Todo.

—Me preguntó si te amaba —continuó Vanessa—. Le dije que sí.

—¿Y después?

—Me dijo que estaba embarazada.

Cerré los ojos.

Mi esposa había descubierto mi traición mientras llevaba a mi hijo dentro.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Vanessa me miró.

—Porque alguien me pagó para que no lo hiciera.

Ethan maldijo.

—¿Quién?

—No lo sé.

—Mientes.

—¡No sé su nombre!

Sacó el teléfono.

Había transferencias mensuales.

Veinticinco mil dólares.

Durante siete meses.

—Me dijeron que solo necesitaban mantenerte alejado de Claire hasta que naciera el bebé.

—¿Por qué?

—Nunca pregunté.

La miré con repugnancia.

—Porque te convenía.

Vanessa bajó los ojos.

Entonces apareció la enfermera de antes.

—Señor Moretti.

Me entregó un sobre.

—Su esposa me pidió que guardara esto si alguna vez llegaba al hospital inconsciente.

Dentro había una fotografía de una ecografía.

Veinte semanas.

En el reverso, Claire había escrito:

“Es un niño. Se parece a ti incluso antes de nacer. Ojalá pudiera odiarte lo suficiente para que esto fuera más fácil.”

Debajo había otro nombre.

Dr. Samuel Vale.

Miré a Ethan.

—Vale.

Su expresión cambió.

—Mi hermano.

Samuel Vale era obstetra.

Había muerto cuatro meses atrás.

Supuestamente en un accidente doméstico.

La enfermera asintió.

—El doctor Vale atendía secretamente a Claire.

—¿Por qué secretamente?

—Porque descubrió que alguien estaba accediendo a su historial médico.

Ethan palideció.

—Samuel nunca me dijo nada.

—Quizá intentó hacerlo.

La enfermera me entregó una memoria USB.

Samuel había grabado un video antes de morir.

Lo abrimos.

Apareció sentado en su consulta.

—Si Dominic Moretti está viendo esto, significa que no conseguí sacar a Claire de Chicago.

Ethan apretó los puños.

Samuel continuó:

—Claire no huyó únicamente porque alguien amenazara al bebé. Huyó porque descubrimos que alguien dentro de la organización Moretti había solicitado pruebas genéticas prenatales sin su consentimiento.

Sentí que se me helaba la sangre.

—Buscaban una condición hereditaria específica.

Samuel mostró un expediente.

MORETTI, DOMINIC — ARCHIVO PEDIÁTRICO CONFIDENCIAL.

—¿Qué demonios es eso?

Ethan me miró.

Yo tampoco lo sabía.

Samuel continuó:

—Dominic, te dijeron que eras hijo único porque era más sencillo que explicarte la verdad.

Mi corazón se detuvo.

—Tu padre tuvo otro hijo.

Miré fijamente la pantalla.

—Un varón nacido dieciocho meses antes que tú.

Samuel levantó una fotografía.

Dos mujeres salían de una clínica.

Una era mi madre.

La otra…

Conocía ese rostro.

Lo había visto durante toda mi infancia.

—No —susurré.

Samuel terminó:

—Tu medio hermano ha pasado treinta años fuera de la familia Moretti. Pero según las reglas sucesorias creadas por tu padre, si tú mueres sin descendencia reconocida, él puede reclamar una parte importante del patrimonio familiar.

Todo encajó de golpe.

Claire no era el objetivo.

Nuestro hijo sí.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido.

Una fotografía tomada segundos antes.

Mi hijo dentro de una incubadora.

Alguien estaba observándolo desde el otro lado del cristal.

Debajo había una sola frase:

“Treinta y dos semanas antes de tiempo, pero llegó vivo. Tu padre estaría decepcionado.”

Levanté la cabeza hacia neonatología.

Entonces vi que Ethan estaba mirando algo detrás de mí.

Su rostro había perdido completamente el color.

Me giré.

Al fondo del pasillo había un hombre con abrigo oscuro.

Tenía mis mismos ojos.

Mi misma mandíbula.

Y en la mano sostenía la pulsera hospitalaria de Claire.

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