—Quiero hablar con la médica responsable de mi hija —dije.
El ordenanza al que había sujetado se incorporó, furioso. Aparté las manos y le pedí disculpas por haberlo lastimado. Había reaccionado al ver a Chloe en la camilla; ahora necesitaba escuchar qué había autorizado el hospital y por qué.
Una doctora llegó pocos minutos después. Beatrice intentó responder por Chloe, pero la doctora le pidió que esperara al otro lado del pasillo.
—Ella está alterada —insistió Richard.
—Voy a evaluarla personalmente —respondió la doctora.
Chloe oyó aquellas palabras y dejó de forcejear. Cuando la trasladaron a una sala de exploración, me permitió acompañarla. Allí pudieron examinar su ojo y las marcas de sus brazos sin que los Sterling hablaran por ella. La doctora revisó también la decisión de mantenerla sujeta y ordenó retirarle las ataduras cuando consideró que podía hacerlo de forma segura.
—Richard me golpeó —dijo Chloe en cuanto tuvo las manos libres—. Encontré transferencias que no podía explicar.
Abrió los dedos. La cadena rota del relicario colgaba de su puño: se había desprendido cuando Beatrice tiró de ella, pero Chloe logró retener la pequeña pieza. Yo se lo había regalado cuando era niña. Esa noche llevaba dentro una tarjeta de memoria diminuta.
—Guardé copias —susurró—. Tenía miedo de que revisaran mi teléfono.
La llamada que yo había hecho fue a una abogada en quien confiaba. Llegó al hospital mientras una agente tomaba la declaración de Chloe. Mi hija le entregó la tarjeta para que se conservara junto con los demás documentos. La abogada nos explicó que habría que comprobar de dónde procedían los archivos y qué mostraban realmente. No prometió que los Sterling fueran a perderlo todo antes del amanecer.
Aun así, la seguridad con la que habían entrado en urgencias empezó a desaparecer. La policía separó a Richard de su familia para preguntarle por las lesiones de Chloe. El hospital conservó los registros de quién había solicitado su traslado y con qué información. Beatrice tuvo que esperar afuera, sin acceso a la habitación.
Cuando por fin estuvimos solas, Chloe miró mi uniforme.
—Pensé que vendrías y todos te escucharían por tu rango.
Me senté junto a su cama.
—Vine porque me llamaste —dije—. Lo que cuentes merece ser escuchado aunque yo no lleve esto puesto.
Me tomó la mano. Seguía temblando.
Durante las semanas siguientes, los investigadores revisaron las transferencias y la empresa Sterling anunció una auditoría independiente. También continuó la investigación sobre la agresión de Richard. Chloe dio su declaración con asesoramiento propio y eligió quedarse conmigo mientras se recuperaba.
Una tarde encontramos una cadena nueva para el relicario. Se la ofrecí, pero ella cerró la tapa y dejó la pieza sobre la mesa.
—Todavía no quiero ponérmelo.
—Está bien.
La acompañé hasta la cocina. Había dormido poco y todavía tenía el ojo amoratado, pero pudo elegir dónde sentarse y cuándo hablar. Preparé té para las dos y esperé a que me contara lo que quisiera, a su tiempo.