PARTE 2: LA GRABACIÓN QUE GABRIEL NUNCA DEBIÓ VER

Tres meses después, Gabriel recibió los papeles de divorcio.

Yo ya estaba a mil kilómetros de distancia.

Mi abogado había alquilado un pequeño apartamento cerca de una clínica especializada en reconstrucción de manos.

Los médicos no prometían milagros.

Solo una posibilidad.

Para mí era suficiente.

Mientras aprendía otra vez a sostener un lápiz, Gabriel seguía convencido de que había castigado a la persona correcta.

Hasta que demolieron la antigua capilla del hospital.

Un técnico encontró una cámara diminuta detrás de un detector de humo.

El hospital conservaba automáticamente las grabaciones durante seis meses.

Aquella tarde, Gabriel recibió el video.

Natalie aparecía cerrando la puerta.

Después me enfrentaba.

—Gabriel siempre me elegirá a mí antes que a ti.

En la grabación se veía cómo intentaba marcharme.

Natalie me agarraba.

Me arañaba los brazos.

Después escuchaba pasos en el pasillo.

Entonces sonreía.

Y se clavaba las uñas en su propio cuello.

—¿Qué estás haciendo? —preguntaba yo.

Natalie retrocedía deliberadamente.

Se dejaba caer.

Y comenzaba a gritar.

Gabriel vio el video tres veces.

Después vomitó.

Pero aún faltaba algo.

La cámara había grabado otra conversación ocurrida dos días después de mi ataque.

Natalie hablaba por teléfono dentro de la misma capilla.

—Clara sobrevivió.

Pausa.

—No, Gabriel todavía no sospecha nada.

Otra pausa.

Entonces dijo:

—Mientras siga creyendo que ella mató a Daniel, nunca investigará el accidente.

Gabriel dejó caer el teléfono.

Daniel.

Su hermano muerto.

El marido de Natalie.

Hasta aquel momento, todos creían que había fallecido ocho meses antes por perder el control de su automóvil.

Gabriel condujo personalmente al hospital.

Natalie estaba allí cuando llegó.

—¿Por qué dijiste que Clara mató a Daniel?

Ella palideció.

—No sé de qué hablas.

Gabriel puso la grabación.

Natalie dejó de respirar.

—¿Qué le hiciste a mi hermano?

—Nada.

—¡¿QUÉ LE HICISTE?!

Natalie retrocedió.

Y entonces cometió el error que terminó de destruirla.

—Yo no conducía aquella noche.

Gabriel quedó inmóvil.

El informe policial nunca había afirmado que Natalie estuviera en el vehículo.

¿Cómo sabía que alguien más conducía?

Horas después, la policía reabrió el caso.

Descubrieron que los frenos de Daniel habían sido manipulados.

También encontraron transferencias desde una cuenta de Natalie hacia el mecánico que había revisado el automóvil.

Gabriel comprendió finalmente la verdad.

Natalie no me había acusado solamente para recibir su protección.

Había descubierto que yo estaba investigando la muerte de Daniel.

Por eso necesitaba destruirme antes de que pudiera hablar.

Aquella noche Gabriel llamó a mi abogado.

—Necesito saber dónde está Clara.

—Ella dejó instrucciones específicas de que jamás se lo dijera.

—Tengo que pedirle perdón.

—No.

Silencio.

—Entonces dígale que descubrí la verdad.

Mi abogado tardó varios segundos en responder.

—Señor Cross, Clara descubrió la verdad antes que usted.

Gabriel dejó de respirar.

—¿Qué significa eso?

—Daniel visitó a Clara dos días antes de morir.

—¿Por qué?

—Porque le entregó pruebas.

Mi abogado hizo una pausa.

—Pruebas que no implicaban solamente a Natalie.

—¿A quién más?

La respuesta hizo que Gabriel palideciera.

—A uno de los hombres que usted llevó al hospital para golpear a su esposa.

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