Parte 2: El guion empezó a desmoronarse

Mandy sobrevivió.

Cuando despertó dos días después, lo primero que preguntó no fue por Marcus.

—¿El bebé está bien?

Me quedé inmóvil en el pasillo.

Los comentarios aparecieron inmediatamente.

“¡Sí! El heredero está vivo.”

“Ahora Summer perderá todo.”

“Marcus dejó un testamento secreto.”

Así descubrí que Mandy estaba embarazada antes de que ningún médico me lo dijera.

Y comprendí que los comentarios sabían cosas que yo ignoraba.

Pero no necesariamente decían la verdad completa.


La policía me interrogó aquella misma tarde.

Entregué voluntariamente el video original del salto.

También pedí que preservaran las grabaciones del centro de bungee, los registros de mantenimiento y toda la documentación del equipo.

No iba a permitir que alguien convirtiera mi decisión de no saltar en una prueba de culpabilidad.

Los comentarios se enfurecieron.

“¡No debería haber grabado!”

“¡El video arruina la acusación!”

“¿Por qué esta secundaria es tan difícil de controlar?”

Sonreí por primera vez.

Así que podían tener miedo.

Interesante.


La investigación preliminar confirmó algo importante.

Yo no había tocado la cuerda.

Ni el arnés.

Ni ningún equipo.

Las cámaras mostraban exactamente cuándo llegamos, quién preparó el salto y cómo decidí retirarme.

Pero había una anomalía.

La reserva original estaba únicamente a nombre de Marcus y mío.

Mandy había sido añadida esa misma mañana.

—¿Quién solicitó el cambio? —pregunté.

El investigador deslizó una copia hacia mí.

Marcus Meng.

Debajo había una segunda instrucción.

Si yo rechazaba saltar, Mandy ocuparía mi lugar.

Aquello parecía normal.

Hasta que vi la hora.

La modificación se había enviado la noche anterior.

Antes de que yo dijera que tenía miedo.


Los comentarios desaparecieron durante casi diez segundos.

Después regresaron frenéticos.

“No mires más.”

“Summer debería irse a casa y aceptar la herencia.”

“¡La historia ya cambió demasiado!”

Ahí supe que debía seguir mirando.


Mi abogado llegó al día siguiente.

Marcus había actualizado su testamento tres meses antes.

Mandy no heredaba directamente.

El beneficiario principal seguía siendo yo.

Pero existía una cláusula nueva.

Si yo moría antes que Marcus, una parte importante del patrimonio pasaría a un fideicomiso para cualquier descendiente biológico reconocido de Marcus.

Y la administradora temporal propuesta era…

Mandy Lin.

Sentí un frío profundo.

—¿Marcus sabía del embarazo?

Mi abogado abrió otro documento.

—Parece que sí.

Entonces apareció un comentario.

Solo uno.

“Summer nunca debía leer esa página.”


La investigación cambió.

No porque yo acusara a nadie.

Sino porque los investigadores encontraron más contradicciones.

Marcus había aumentado recientemente mi seguro de viaje.

Había preguntado varias veces qué ocurriría con determinados bienes si ambos cónyuges morían durante el mismo viaje.

Y alguien había buscado información sobre las condiciones contractuales de actividades extremas desde un dispositivo vinculado a su oficina.

Nada de aquello demostraba por sí solo un plan criminal.

Pero era suficiente para hacer preguntas.

Especialmente porque la secretaria con acceso a aquella oficina era Mandy.


Fui a verla cuando los médicos finalmente permitieron visitas.

Estaba pálida.

—Marcus murió —le dije.

Cerró los ojos.

Una lágrima descendió por su mejilla.

Después preguntó:

—¿Qué ocurrirá con la empresa?

No con su funeral.

No conmigo.

Con la empresa.

—¿Por qué modificaron la reserva la noche anterior?

Sus ojos se abrieron.

—Fue Marcus.

—¿Por qué?

—Quería darte una última oportunidad.

—¿De qué?

Mandy guardó silencio.

Los comentarios aparecieron detrás de ella.

“¡No hables!”

“¡No le digas lo del acuerdo!”

Me acerqué.

—¿Qué acuerdo?

Mandy palideció.

—¿Qué?

Había acertado.


Mi abogado encontró el documento cuarenta y ocho horas después.

Un borrador sin firmar.

Marcus planeaba presentar el divorcio inmediatamente después del viaje.

Si yo moría antes, naturalmente nunca habría divorcio.

Y determinadas disposiciones patrimoniales seguirían funcionando de manera muy diferente.

Pero había algo que ni Marcus ni Mandy parecían haber entendido.

Gran parte de aquello que todos llamaban “la fortuna Meng” no pertenecía exclusivamente a Marcus.

Yo había fundado con él la primera empresa siete años atrás.

Mi participación estaba protegida por acuerdos anteriores.

Mi muerte no habría convertido mágicamente a Mandy en propietaria de todo.

El supuesto final feliz que los comentarios celebraban nunca había sido jurídicamente tan sencillo como ellos creían.


Entonces llegó el informe técnico.

La cuerda no debía haberse roto en condiciones normales.

Se abrió una investigación formal sobre el equipo y su cadena de custodia.

No recibí detalles que no me correspondieran.

Solo una pregunta:

—Señora Summer, ¿su esposo tuvo acceso al equipo antes del salto?

—No lo sé.

Pero Mandy sí sabía algo.

Cuando los investigadores volvieron a hablar con ella, su versión cambió tres veces.

Primero dijo que nunca había estado cerca del área técnica.

Después admitió que había acompañado a Marcus.

Finalmente reconoció que él había pedido hablar en privado con un empleado.

Los registros y cámaras permitieron reconstruir parte de lo ocurrido.

Y la historia que emergió era mucho más oscura que una simple infidelidad.

Marcus había estado tomando decisiones a mis espaldas durante meses.

Mandy conocía al menos una parte.

Si alguno pretendía que yo fuera la persona que saltara aquel día se convirtió en materia de investigación, no en algo que yo necesitara adivinar.


Los comentarios comenzaron a desaparecer.

Primero fueron cientos.

Luego decenas.

Después solo aparecían frases aisladas.

“Esta no era la historia.”

“Summer debía morir.”

“Mandy debía quedarse con todo.”

Hasta que una noche apareció una línea diferente.

“¿Y si Summer siempre fue la protagonista?”

Me reí.

—No.

Dije la palabra en voz alta.

—No necesito serlo.

La línea desapareció.


Meses después concluyeron varias investigaciones.

El centro de salto enfrentó sus propias responsabilidades por las fallas de seguridad detectadas.

Las cuestiones relacionadas con Marcus y Mandy quedaron sometidas a los procedimientos correspondientes y a la evidencia disponible.

Yo no necesitaba convertir sospechas en certezas para sentirme reivindicada.

Tenía algo mejor.

La verdad documentada de que yo no había provocado el accidente.


Mandy dio a luz meses después.

El niño era de Marcus.

Nunca intenté castigarlo por las decisiones de sus padres.

Los asuntos hereditarios se resolvieron legalmente y el niño recibió aquello que le correspondía.

Mandy no obtuvo el imperio que los comentarios habían prometido.

Yo tampoco intenté arrebatárselo todo.

Vendí mi participación en varias empresas.

Conservé únicamente los proyectos que realmente había ayudado a construir.

Y comencé otra vida.


Un año después regresé a la isla.

No al acantilado.

A una pequeña playa del lado contrario.

Me senté frente al mar hasta que cayó el sol.

Esperé.

Finalmente apareció una última línea.

“FIN: Summer vivió sola, arrepentida de haber cambiado el destino.”

La observé.

Después saqué mi teléfono.

Tenía mensajes de amigos.

Una oferta para dirigir un nuevo proyecto.

Fotografías de mi nueva casa.

Una vida que no pertenecía a Marcus.

Ni a Mandy.

Ni a aquellas voces.

Sonreí.

—Final incorrecto.

El comentario tembló.

Y desapareció.

Nunca volvió.

Durante siete años pensé que mi mayor error había sido amar a un hombre que terminó eligiendo a otra mujer.

No.

Mi verdadero error había sido creer que mi papel en la vida dependía de quién me eligiera.

Marcus eligió a Mandy.

Los comentarios la eligieron como protagonista.

El supuesto destino me eligió para morir.

Y todos se equivocaron.

Porque aquel día, frente al acantilado, hice algo extraordinariamente sencillo.

Di un paso atrás.

Y por primera vez, fui yo quien escribió lo que ocurría después.

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