El detective sacó una segunda carpeta.
—La propiedad está registrada a nombre de una sociedad privada de la señora Brooks —explicó—. La compra fue legal y el préstamo quedó saldado con sus fondos.
Robert miró a Olivia.
—¿Dijiste que tú habías salvado la casa?
Ella bajó la mirada.
Marcus dio un paso hacia el detective.
—Esto no demuestra ningún delito.
—Todavía no —respondió el hombre—. Pero sí tenemos una solicitud de crédito presentada hace tres semanas usando la residencia como garantía.
El detective mostró una copia.
La casa figuraba como propiedad de Olivia y Marcus.
La firma de Amelia aparecía al pie de la autorización.
Yo nunca había firmado ese documento.
Olivia se puso pálida.
—Marcus dijo que estaba todo arreglado.
—¿Arreglado cómo? —preguntó Helen.
Nadie contestó.
Un agente entregó a Marcus una orden de registro.
Otro le pidió a Olivia que se apartara del porche.
—Esto es un error —protestó ella—. Yo no sabía que la casa estaba a nombre de Amelia.
Robert la miró con incredulidad.
—¿Y aun así dejaste que todos creyeran que tú la habías comprado?
Olivia no respondió.
Marcus intentó acercarse a mí.
—Amelia, podemos hablar de esto en privado.
—Ya tuvimos nuestra oportunidad de hablar.
El oficial superior se interpuso entre nosotros.
—Señor Vale, mantenga la distancia.
Marcus miró las insignias de mi uniforme y, por primera vez, pareció entender que ya no podía darme órdenes.
El detective guardó la copia falsificada.
—La investigación también revisó los documentos que usted presentó en el hospital, señor Vale.
Su expresión cambió.
—¿Qué documentos?
—La petición para obtener la custodia exclusiva de uno de los recién nacidos.
Mi pulso se aceleró.
—¿Marcus solicitó quedarse con uno de mis hijos?
El detective asintió.
—Afirmó que usted había aceptado entregarle a Noah y que padecía una condición que le impedía cuidar de ambos bebés.
Robert miró a su hijo como si acabara de desconocerlo.
—Eso es mentira —dije.
—Lo sabemos, coronel. Pero hay una declaración firmada que contradice esa afirmación.
El detective abrió el expediente y me mostró la última página.
Reconocí la firma al instante.
Era la mía.
Y la fecha era el día en que yo estaba en la sala de parto.