PART 2 — EL TELÉFONO QUE ELENA DEJÓ ANTES DE MORIR

El cuarto de juguetes estaba al final del pasillo.

Demasiado limpio.

Demasiado ordenado.

Clara entró primero.

La señora Robles señaló una estantería baja.

—Elena me dijo que buscara detrás del teatro de madera.

Adrián apartó el mueble.

Allí había una caja pequeña envuelta en plástico.

Dentro estaba el teléfono.

Viejo.

Apagado.

Pero intacto.

—¿Tiene batería? —preguntó Clara.

La gobernanta asintió.

—Guardé también el cargador.

Mientras el aparato encendía, Requena seguía vigilado en el pasillo.

Por primera vez, parecía nervioso.

Clara abrió la galería.

Había fotografías de documentos.

Facturas.

Nombres de empresas.

Y varios videos.

Adrián pulsó el primero.

Elena apareció en pantalla.

Cansada.

Asustada.

—Si estás viendo esto, significa que no conseguí detenerlos.

Adrián dejó de respirar.

—Dios mío…

La voz de Elena continuó.

—Mauricio descubrió algo en las pruebas de los niños.

Clara miró hacia el pasillo.

Requena palideció.

—No era una enfermedad genética.

El video tembló.

—Era exposición.

Adrián apretó el teléfono.

—¿Exposición a qué?

Elena respondió como si pudiera escucharlo.

—A un compuesto que alguien introducía en la ventilación.

Clara sintió un escalofrío.

El siguiente video mostraba a un técnico entrando de noche.

No se veía bien su rostro.

Pero llevaba una caja con el logotipo de una empresa.

Salvatierra Biotech.

Adrián se quedó inmóvil.

—Esa empresa es mía.

Clara abrió otro archivo.

Había correos.

Autorizaciones.

Una firma digital.

La de Adrián.

—Yo nunca firmé esto.

La señora Robles susurró:

—Entonces alguien usó su identidad.

Requena dio un paso hacia atrás.

Uno de los guardias lo sujetó.

—Esto es absurdo.

Clara lo miró.

—Entonces explíquenos por qué su equipo modificó la ventilación.

No respondió.

El último video comenzó.

Elena estaba llorando.

—Adrián, si me pasa algo, no confíes en Mauricio.

Requena cerró los ojos.

—Y no confíes en tu hermano.

Adrián palideció.

—¿Mi hermano?

Clara giró hacia él.

—¿Tiene un hermano?

—Sí.

Su voz se volvió fría.

—Víctor.

En ese momento, uno de los guardias recibió una llamada.

Miró a Adrián.

—Señor, Víctor Salvatierra acaba de entrar en la finca.

Adrián levantó lentamente la cabeza.

—Cierren todas las puertas.

Pero ya era tarde.

Desde abajo se oyó un disparo.

Y después, el grito de uno de los niños.

read the entire Part 3 below.

Related Posts

PART 2 — EL DÍA QUE DAVID PERDIÓ EL CONTROL

Gunther llegó al hospital de Vancouver esa misma tarde. David esperaba a una enfermera dócil. Recibió a un hombre enorme, silencioso y absolutamente inmune a sus amenazas….

PART 2 — LA GRABACIÓN QUE DESTRUYÓ A EVA

Alexander miró la grabadora como si pudiera explotar. —¿Qué hay ahí? El doctor Reed no respondió. Yo sí. —La verdad que nunca quisiste escuchar. Presioné reproducir. Primero…

PART 2 — LAS PRUEBAS QUE RICHARD NO PUDO BORRAR

El alguacil cerró las puertas. Richard dejó de gritar. La juez volvió a mirarme. —Señora Vance, continúe. Respiré lentamente. —Estas cicatrices no provienen de un accidente. La…

PART 2 — LA CAMARERA QUE HIZO CALLAR AL DON

Durante tres segundos, nadie respiró. Luego Salvatore Rossi empezó a reír. No una risa amable. Una carcajada áspera, profunda, que hizo que uno de sus guardaespaldas bajara…

PART 2 — EL SECRETO QUE TODO EL HOSPITAL CONOCÍA

David me llevó hasta una sala privada y cerró la puerta. Yo seguía sosteniendo la bolsa del almuerzo. —Dímelo. Él se quedó de pie frente a mí….

PART 2 — EL HOMBRE QUE SU FAMILIA QUERÍA ENTERRAR VIVO

A la mañana siguiente, fingí que no sabía nada. Preparé el desayuno. Cambié a Leo. Y actué como la cuidadora cansada que Julian esperaba ver. Pero debajo…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *