Aparté mi muñeca de su mano.
—No vuelvas a tocarme.
Gabriel retrocedió.
Quizá porque vio miedo en Lily.
Quizá porque comprendió que ya no era la mujer que había abandonado seis años atrás.
—Déjanos pasar.
—Primero escucha algo.
Sacó el teléfono y llamó a Evan.
—Trae el expediente Laurent.
Sentí rabia.
—No quiero saber nada de Isabella.
—Precisamente por eso debes verlo.
Evan abrió una carpeta.
La primera página era un informe médico fechado dos semanas antes de nuestro divorcio.
ISABELLA LAURENT.
Debajo aparecía otro nombre.
El mío.
—¿Qué significa esto?
Gabriel respiró profundamente.
—Isabella regresó porque descubrió que alguien estaba utilizando tu identidad.
Según los documentos, meses antes del divorcio alguien había creado varias sociedades usando mi firma.
Una de ellas había recibido treinta y dos millones de dólares pertenecientes al Grupo Sterling.
—Pensaste que fui yo.
—Al principio.
Aquellas palabras dolieron más de lo esperado.
—Por eso me echaste.
Gabriel negó.
—Te pedí el divorcio porque alguien intentó matarte.
Me quedé inmóvil.
Tres días antes de entregarme aquellos documentos, los frenos de mi automóvil habían sido manipulados.
Gabriel lo descubrió antes de que yo condujera.
Isabella había regresado porque su exmarido estaba relacionado con las empresas utilizadas para incriminarme.
—Entonces ¿por qué no me dijiste nada?
—Porque la amenaza decía que, si seguías siendo mi esposa, la próxima vez no fallarían.
Sentí que me faltaba el aire.
—Elegiste por mí.
—Sí.
—Me destruiste para protegerme.
Gabriel bajó la mirada.
—Y llevo seis años pagando por ello.
Noah tiró suavemente de mi manga.
—Mamá, quiero irme.
—Nos vamos.
Pero Evan habló.
—Señorita Bennett, hay otra cosa.
Gabriel endureció la expresión.
—Evan, no.
—Tiene derecho a saberlo.
Evan me entregó una fotografía.
Isabella aparecía entrando en una clínica de Boston.
La fecha era de seis años atrás.
Dos días después de que yo descubriera mi embarazo.
—¿Qué hacía allí?
Evan respondió:
—Buscándola.
Miré a Gabriel.
—¿Sabías que estaba embarazada?
—No.
—Entonces ¿por qué Isabella me buscaba?
Nadie respondió.
Abrí la segunda hoja.
Era una copia de mi expediente obstétrico.
Mis análisis.
La ecografía de los gemelos.
Incluso la dirección del pequeño apartamento donde había vivido.
Todo había sido enviado a Isabella.
Pero había algo peor.
En la esquina superior aparecía una autorización para acceder a mis registros.
La firma pertenecía a Gabriel.
—Yo nunca firmé eso —susurró él.
Por primera vez, le creí.
Entonces Lily señaló la fotografía de Isabella.
—Mamá…
Me agaché.
—¿Qué ocurre?
Mi hija estaba pálida.
—Yo conozco a esa señora.
Gabriel y yo nos miramos.
—¿De dónde? —pregunté.
Lily abrió su pequeña mochila y sacó una fotografía que jamás había visto.
Isabella aparecía junto a mis gemelos cuando apenas eran recién nacidos.
En el reverso había una frase escrita a mano:
Gabriel nunca debe descubrir que nacieron dos.
Debajo había otra línea.
Porque solo uno de ellos es realmente suyo.
