PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

—Siempre tan fría —repitió Santiago.

Valeria sonrió.

—No. Solo aprendí a leer antes de firmar.

El notario Ortega se aclaró la garganta.

—Señor Barragán, existe un problema.

Santiago lo miró con impaciencia.

—¿Cuál?

—Usted no puede cambiar al propietario de esta casa.

Renata dejó de sonreír.

—¿Por qué no?

El notario cerró lentamente la carpeta.

—Porque el señor Barragán no está comprando esta propiedad.

Silencio.

Santiago soltó una carcajada.

—Transferí treinta millones de pesos esta mañana.

Entonces habló el empleado del banco.

—No, señor.

Sacó un documento.

—Su transferencia fue rechazada hace cuarenta minutos.

Santiago se levantó.

—Eso es imposible.

Valeria desbloqueó su teléfono.

—La cuenta desde la que intentaste pagar pertenece a Barragán Desarrollo Integral.

Lo miró fijamente.

—Y como accionista, ayer bloqueé cualquier operación extraordinaria hasta terminar la auditoría.

Renata giró hacia Santiago.

—Me dijiste que el dinero era tuyo.

Él ignoró la pregunta.

—Entonces ¿quién pagó la casa?

El notario deslizó otra escritura sobre la mesa.

—La propiedad fue liquidada hace dos semanas mediante una sociedad patrimonial.

Santiago leyó el nombre.

Mendoza Capital.

Su expresión cambió.

Valeria tomó el bolígrafo con el que él había tachado su nombre.

—Mi padre creó esa empresa cuando yo tenía dieciocho años.

Santiago levantó lentamente la mirada.

—¿Tu padre?

—El mismo hombre al que llamabas “contador jubilado” porque nunca te molestaste en conocerlo.

Firmó la escritura.

—La casa nunca iba a comprarse con tu dinero, Santiago. Era mi regalo de aniversario para nosotros.

Miró a Renata.

—Hasta que descubrí que mi esposo llevaba dieciséis meses regalándole joyas a otra mujer con dinero de nuestra empresa.

Renata se puso de pie.

—Santiago, dijiste que Valeria dependía económicamente de ti.

Valeria casi rio.

—¿Eso le dijiste?

Santiago golpeó la mesa.

—¡Basta!

Pero su teléfono comenzó a vibrar.

Primero una llamada.

Después otra.

Luego cinco mensajes consecutivos.

Valeria miró la pantalla iluminada.

—Deberías contestar.

—¿Qué hiciste?

—La auditoría terminó esta mañana.

La seguridad desapareció de sus ojos.

Valeria recogió su bolso.

—Encontramos facturas falsas, gastos personales cargados a la compañía y transferencias autorizadas por ti y Renata.

Renata retrocedió.

—Yo no sabía nada.

—Entonces tendrás oportunidad de explicarlo.

Valeria caminó hacia la puerta.

Santiago la siguió.

—¡Valeria! ¿Qué pasa con la casa?

Ella se detuvo.

—Voy a vivir en ella.

—¿Y yo?

Valeria miró la línea negra con la que él había tachado su nombre minutos antes.

—Tú ya no formas parte de mis planes.

Y esta vez fue Santiago quien se quedó sin palabras.

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