Subí los tres escalones sin mirar atrás.
Malcolm me entregó el micrófono.
—Gracias.
Doscientas personas guardaron silencio.
Julian seguía junto a Camilla.
Ya no parecía el futuro presidente de Aurelia.
Parecía un hombre intentando calcular cuánto de su vida acababa de cambiar.
—Hace dieciocho meses —comencé—, Aurelia estuvo a semanas de incumplir sus obligaciones financieras.
Vi a varios ejecutivos asentir.
—Northstar comenzó adquiriendo deuda. Después compró acciones a inversores que querían salir. Esta tarde cerramos la última operación.
Miré directamente a Julian.
—Y ahora controlamos el cincuenta y ocho por ciento.
Camilla retrocedió discretamente.
—Audrey —dijo Julian—, tenemos que hablar.
—Todavía no.
El abogado general, Thomas Bell, subió al escenario con una carpeta negra.
—También ordené una auditoría independiente hace seis semanas.
Ahora Julian dejó de respirar.
—¿Auditoría de qué?
Thomas abrió la carpeta.
—Proveedores.
Camilla palideció.
Yo continué.
—Especialmente siete empresas contratadas por la oficina de estrategia.
Julian soltó una risa nerviosa.
—Esto es ridículo.
—Una de ellas es Redstone Communications.
Camilla apretó su bolso.
—Otra es CP Advisory.
Sus iniciales.
—No sé nada de eso —dijo ella.
Thomas proyectó una tabla.
Durante catorce meses, Aurelia había pagado 2.7 millones de dólares a compañías vinculadas entre sí mediante direcciones, cuentas y administradores comunes.
Una terminaba en un fideicomiso.
Beneficiaria:
Camilla Price.
Julian me miró.
—Audrey, puedo explicarlo.
—Espero que puedas.
—Eran gastos legítimos.
—Entonces mañana tendrás oportunidad de documentarlos.
Hice una pausa.
—Porque desde este momento quedas suspendido de todas tus funciones ejecutivas mientras continúa la investigación.
El salón entero quedó inmóvil.
Julian subió un escalón.
—¡Soy tu marido!
Lo miré.
—Eso tampoco durará mucho.
El murmullo fue inmediato.
Camilla se apartó de él.
—Julian, me dijiste que ella no sabía nada.
Aquella frase fue pequeña.
Pero todos la escucharon.
Julian giró hacia ella.
—Cállate.
—¿Que no sabía qué? —pregunté.
Camilla comprendió demasiado tarde.
Thomas cerró la carpeta.
—Creo que esa conversación debería continuar con abogados presentes.
Julian abandonó el salón.
Yo pensé que aquello era el final.
Me equivocaba.
Veinte minutos después, Malcolm me encontró en una sala privada.
—Tenemos otro problema.
El contador forense estaba con él.
Colocó tres documentos frente a mí.
—Los pagos de Julian no fueron la razón principal por la que Aurelia estuvo cerca de quebrar.
—¿Entonces cuál fue?
—Alguien estuvo comprando nuestra deuda tóxica antes que Northstar.
—¿Quién?
—Una empresa llamada Vesper Capital.
Conocía el nombre.
Mi madre también había invertido mediante sociedades discretas, pero Vesper nunca había formado parte de nuestra estructura.
—¿Quién la controla?
El contador deslizó otro papel.
Camilla Price.
Me quedé quieta.
—Eso no tiene sentido.
—Hay más.
Vesper había comenzado a adquirir deuda de Aurelia cuatro años atrás.
Dos años antes de que Camilla empezara a trabajar allí.
—¿Cómo sabía qué comprar?
—Eso estamos intentando averiguar.
La puerta se abrió.
Julian entró.
Había perdido toda arrogancia.
—Audrey, tienes que escucharme.
—Sal.
—Camilla no es mi amante.
Me reí sin humor.
—Lleva tus pendientes, Julian.
—Lo sé.
Aquello me hizo callar.
—¿Qué?
—Yo no se los di.
Miré hacia el salón.
Camilla había desaparecido.
Julian sacó su teléfono.
—Hace siete meses empezó a acercarse a mí. Permití que ocurriera.
—Qué tranquilizador.
—Fui un imbécil. Pero hace tres semanas descubrí transferencias extrañas y empecé a sospechar que me estaba utilizando.
—¿Y decidiste acostarte con ella para investigar?
No respondió.
Eso bastó.
—Vete.
—Primero mira esto.
Me mostró una fotografía.
Camilla saliendo de la oficina de inversiones de mi madre.
Fecha:
ocho años atrás.
Mi madre llevaba muerta seis.
—¿De dónde sacaste esto?
—Del teléfono de Camilla.
Otra fotografía.
Mi madre estaba sentada junto a una Camilla mucho más joven.
Detrás habían escrito:
“Caroline Vance y Camilla Vale — Boston.”
—Su apellido es Price.
—Ahora.
Sentí un escalofrío.
Malcolm recibió una llamada.
—Audrey.
Su expresión cambió.
—Seguridad encontró algo en la oficina de Julian.
Era un sobre sellado.
Mi nombre estaba escrito con la letra de mi madre.
AUDREY.
SI NORTHSTAR ALGÚN DÍA COMPRA AURELIA, ABRIR INMEDIATAMENTE.
Me temblaron los dedos.
—¿Dónde estaba?
Julian respondió.
—Dentro de mi caja fuerte.
—¿Cómo llegó allí?
—No lo sé.
Abrí el sobre.
Había recibos.
Los mismos números de las empresas investigadas.
Pero tenían doce años.
Mucho antes de que Julian trabajara en Aurelia.
Todos conducían a Vesper Capital.
Y al final había una carta.
“Audrey:
Si estás leyendo esto, alguien ha repetido el esquema.
No confíes únicamente en los nombres que aparecen en las cuentas.
Vesper nunca perteneció a Camilla.
Yo la fundé.”
Me senté.
Mi madre había creado la empresa que ahora estaba drenando Aurelia.
Seguí leyendo.
“Camilla conoce una parte de la verdad.
La otra está dentro de Northstar.
Y si tu marido está involucrado, averigua primero quién hizo que te conociera.”
Miré a Julian.
—Nos conocimos en la gala Whitmore.
Su rostro cambió.
—No.
—¿Qué?
—Eso es lo que siempre te dije.
Sacó lentamente una tarjeta antigua de su cartera.
—Tres semanas antes de aquella gala recibí una invitación privada.
En el reverso había una nota:
“Preséntate a Audrey Vance. Haz que confíe en ti.”
Debajo aparecía una firma.
Caroline Vance.
Mi madre.
Pero la fecha era imposible.
Había sido escrita ocho meses después de su muerte.
Entonces mi teléfono vibró.
Un mensaje de Camilla.
Solo decía:
“Si ya abriste el sobre, no dejes que Malcolm salga del hotel.”
Levanté la mirada.
La silla de Malcolm estaba vacía.
Thomas corrió hacia la puerta.
Demasiado tarde.
Malcolm Reed, el hombre que había ayudado a Northstar a comprar Aurelia, había desaparecido.
Sobre su silla había dejado una fotografía.
Mi madre.
Camilla.
Malcolm.
Y Julian.
La fecha era de hacía nueve años.
Tres años antes de que Julian y yo supuestamente nos conociéramos.
En el reverso, alguien había escrito:

“FASE UNO: MATRIMONIO.
FASE DOS: AURELIA.
FASE TRES: NORTHSTAR.”
Y entonces comprendí que comprar la empresa de mi marido quizá nunca había sido mi victoria.
Quizá era exactamente lo que alguien llevaba años intentando conseguir.