PARTE 2: La verdad que Emma no conocía

No abrí la puerta por completo.

—¿Qué hacen aquí?

Adrian bajó la mirada. Emma, en cambio, dio un paso hacia mí con los ojos llenos de lágrimas.

—Mamá, necesito hablar contigo.

No la abracé. Todavía no sabía si podía hacerlo sin quebrarme.

La dejé entrar. Adrian se quedó fuera, bajo el viento salado, hasta que le indiqué que pasara.

Emma llevaba una carpeta contra el pecho.

—No vine a pedirte que regreses —dijo—. Vine porque encontré esto en el despacho de papá.

Dentro había copias de mensajes entre Adrian y Vivian. Al principio parecían conversaciones de negocios. Luego aparecieron frases que me hicieron apretar los dedos contra la mesa.

Vivian le había dicho que Emma debía llamarla “mamá” delante de mí. Quería que yo creyera que mi propia hija ya me había reemplazado.

Adrian no respondió a todos los mensajes, pero tampoco la detuvo.

—Yo creía que Vivian me quería —dijo Emma—. Cuando le pregunté si podía ser mi mamá, me dijo que sí. Después la oí decir que, cuando papá y ella se casaran, yo tendría que irme a un internado. Que no quería criar a la hija de otra mujer.

Emma se limpió las lágrimas con la manga.

—Entonces entendí que decirte “dramática” fue más fácil que admitir que me daba miedo que te fueras.

Miré a Adrian.

—¿Lo sabías?

—Lo descubrí hace dos días —respondió—. Vivian usó a Emma para acercarse a mí y llevaba meses transfiriendo dinero de una cuenta familiar. Cuando la confronté, se marchó.

—¿Y ahora viniste a buscarme porque necesitas que te arregle la vida?

—No —dijo él—. Vine porque Emma quería verte. Y porque no tengo derecho a pedirte nada.

Por primera vez desde nuestro divorcio, no intentó usar dinero, promesas ni órdenes.

Emma me tendió la carpeta. Debajo de los mensajes había un documento judicial: Adrian solicitaba que Emma pudiera vivir conmigo mientras se resolvía la custodia.

—No quiero obligarte —dijo—. Pero ella debería decidir dónde se siente segura.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Vivian:

«Si Emma se queda contigo, contaré lo que Adrian hizo la noche en que nació».

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