PARTE 2: La llamada de la clínica

A las dos de la tarde, Hailey y June estaban conmigo en la base, rodeadas de maletas y cajas. Les expliqué que viajaríamos por mi nuevo destino. June preguntó si su padre vendría a despedirse.

—Dijo que llamaría —respondí.

El teléfono sonó antes de que pudiera añadir algo.

Era Patricia, la madre de Grant.

—Lauren, ¿qué le hiciste a mi hijo?

—Nada. Acabamos de firmar el divorcio.

—Madeline está en el hospital. Su médico revisó el historial familiar y encontró algo sobre Grant. Él está fuera de sí.

Miré a mis hijas. Les pedí que esperaran con mi asistente y salí al pasillo.

—¿Qué encontró?

Patricia tardó en contestar.

—Un informe antiguo. Una vasectomía. Grant dice que fue temporal, pero el médico asegura que nunca consta una reversión.

Durante un instante, no oí nada más que el zumbido de las luces.

Recordé aquel otoño, después del nacimiento de June, cuando Grant me dijo que no quería poner en riesgo otro embarazo. Yo lo acompañé a la clínica. El procedimiento fue decisión suya, y ambos firmamos los documentos convencidos de que nuestra familia estaba completa.

Nunca imaginé que, años después, él hablaría de un hijo como si fuera una recompensa.

—¿El médico confirmó que el embarazo no es suyo? —pregunté.

—Todavía no. Madeline está esperando los resultados. Pero Grant quiere que vayas. Dice que tú sabes qué pasó.

—Yo sé que él se hizo una vasectomía. No sé qué ocurrió después.

Patricia bajó la voz.

—La familia entera está en la clínica. Tu suegro quiere que esto se mantenga en privado.

—Ya no soy parte de esa familia.

Colgué.

A los pocos minutos, Grant llamó desde otro número.

—Lauren, necesito que vengas.

—¿Para qué?

—Madeline dice que el bebé es mío. Pero los médicos encontraron tu firma en mi expediente.

La antigua rabia se transformó en algo más frío.

—La mía y la tuya. Tú elegiste hacerte esa operación.

—¿Por qué nunca me lo recordaste?

—Te lo recordé. Solo que preferiste olvidarlo cuando te convenía.

Hubo una pausa. Después, su voz se quebró.

—El médico acaba de recibir los resultados.

Antes de que pudiera preguntarle qué decían, oí a Patricia gritar al fondo:

—¡Grant, no abras ese sobre delante de todos!

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