La puerta volvió a retumbar.
—¡Abran! —ordenó una voz desde afuera.
Raul se puso de pie tan deprisa que su silla cayó hacia atrás.
—Victor, baja ese bastón.
Mi esposo no se movió.
Un segundo golpe sacudió la entrada. Nora dejó de grabar y miró a su madre, esperando instrucciones. Helena ya no sonreía.
La cerradura cedió.
Entraron dos agentes uniformados y, detrás de ellos, un hombre de cabello plateado con abrigo oscuro. Sus ojos recorrieron la cocina: el bastón en el suelo, mi teléfono destrozado y yo tendida junto a la mesa.
—¡Papá! —intenté decir.
El hombre cruzó la habitación y se arrodilló a mi lado.
—Estoy aquí, Elena. No te muevas.
Los paramédicos llegaron enseguida. Uno revisó mis signos vitales y pidió trasladarme de urgencia al hospital. Al escuchar que llevaba seis meses de embarazo, mi padre apretó la mandíbula.
—¿El bebé está bien? —pregunté.
—Vamos a comprobarlo —respondió el médico.
Victor quiso acercarse, pero los agentes le cerraron el paso.
—Es mi esposa —protestó.
—Y está herida —dijo mi padre—. Apártate.
Raul palideció.
—General Serrano… esto es un asunto familiar.
Mi padre se levantó lentamente.
—Lo dejó de ser cuando golpearon a mi hija.
Entonces Nora retrocedió, escondiendo el móvil detrás de su espalda. Una agente se lo pidió. Ella se negó.
—Lo estaba grabando para proteger a Victor —balbuceó—. No para hacerle daño.
—Precisamente por eso puede ser una prueba importante —respondió la agente.
Mi padre miró a Raul.
—¿Recuerda lo que le dije hace años, cuando juró que nunca volvería a acercarse a Elena?
Raul no contestó.
Yo tampoco entendía a qué se refería. Victor me miró con incredulidad.
—¿Tú eres hija del general Serrano?
No alcancé a responder. Los paramédicos me levantaron con cuidado y me llevaron hacia la ambulancia.
Desde la camilla vi a mi padre recibir el teléfono de Nora. La grabación seguía reproduciéndose.
Entonces su expresión cambió.
—Detengan la ambulancia —ordenó.
El médico se volvió, alarmado.
Mi padre señaló la pantalla, donde una voz fuera de cámara acababa de pronunciar mi nombre y decir:
—Que no llegue viva al hospital. Si habla, todos iremos presos.