PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE SU MATRIMONIO

Acepté los diez minutos.

Pero no llevé a Leo.

Nos encontramos en una sala privada del hotel, con Mia esperando al otro lado de la puerta.

Dante llegó solo.

—Tienes diez minutos.

—Nunca me casé con Victoria porque la amara.

Solté una risa amarga.

—Excelente comienzo.

—Fue un acuerdo.

Dejó una carpeta sobre la mesa.

Dentro había fotografías de mi padre reuniéndose con hombres de la familia Bellini, enemigos históricos de los Moretti.

—Tu padre debía cuarenta millones —dijo Dante—. Cuando murió, esa deuda pasó a sus herederas.

—Eso no explica por qué elegiste a Victoria.

—Porque ella lo sabía.

Me quedé inmóvil.

Dante continuó.

—Victoria descubrió la deuda antes que tú. Me ofreció matrimonio a cambio de protección para ambas.

—¿Y simplemente aceptaste?

—Porque los Bellini habían puesto precio a tu cabeza.

Sentí que el aire desaparecía.

Dante deslizó otro documento hacia mí.

Era una orden de asesinato.

Mi nombre estaba escrito arriba.

Elena Carter.

—Cada vez que me pediste matrimonio, quería decir que sí —susurró—. Pero convertirte públicamente en Elena Moretti habría confirmado que eras mi punto débil.

—Así que te casaste con mi hermana.

—Para hacerles creer que Victoria era la Carter importante para mí.

Me levanté.

—¿Sabes qué me costó tu silencio?

—Sí.

—No. No lo sabes.

Mis ojos ardían.

—Di a luz sola.

Dante cerró los ojos.

Aquello pareció herirlo más que cualquier amenaza.

—Déjame conocerlo.

—No todavía.

Entonces la puerta se abrió.

Victoria entró.

—Elena.

Di un paso atrás.

—Tú sabías todo.

Mi hermana asintió.

—Y hay algo que Dante todavía no sabe.

Dante se volvió hacia ella.

Victoria dejó una fotografía sobre la mesa.

Mostraba a nuestro padre junto a otro hombre.

Un hombre con los mismos ojos grises de Dante.

—¿Quién es? —pregunté.

—Luca Bellini.

El rostro de Dante cambió.

Victoria me miró.

—Nuestro padre no era tu padre biológico, Elena.

Sentí que las piernas me fallaban.

—Luca Bellini lo era.

Dante golpeó la mesa.

—Eso significa que Leo…

—Es heredero de dos familias —terminó Victoria—. Moretti por Dante. Bellini por Elena.

Comprendí entonces por qué mi regreso era tan peligroso.

Leo no era simplemente el hijo secreto de Dante Moretti.

Su existencia podía cambiar el equilibrio de poder de Chicago.

El teléfono de Dante vibró.

Leyó el mensaje y palideció.

—¿Qué ocurre?

Me mostró la pantalla.

Una fotografía tomada hacía menos de cinco minutos.

Leo salía del hotel de la mano de Mia.

Detrás de ellos caminaba un hombre.

El mismo hombre de la fotografía.

Luca Bellini.

—Eso es imposible —susurré—. Dijiste que estaba muerto.

Victoria negó lentamente.

—Nunca dije que estuviera muerto.

Entonces llegó otro mensaje.

Gracias por traerme a mi nieto.

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