PARTE 2: LA SEGUNDA MUESTRA

Siete días después, Ethan llegó al laboratorio acompañado de Samantha.

Ella llevaba al bebé en brazos y parecía haber recuperado toda su confianza.

—Cuando esto termine —dijo—, espero que me pidas perdón.

No respondí.

El señor Grant entró con dos sobres.

—Tenemos los resultados.

Ethan fue directo al punto.

—¿Soy el padre?

Grant abrió el primero.

—No.

El silencio fue absoluto.

Samantha palideció.

—Eso es imposible.

Ethan le arrebató el informe.

La probabilidad de paternidad era cero.

—¿De quién es? —preguntó, mirándola.

—¡El laboratorio se equivocó!

—Hicimos dos análisis independientes —respondió Grant—. El resultado coincide.

Ethan miró a Samantha como si jamás la hubiera conocido.

Pero yo intervine.

—Todavía falta el segundo sobre.

Grant me lo entregó.

Dentro estaban mis antiguos análisis médicos comparados con los originales recuperados de la clínica donde había recibido tratamiento durante tres años.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo?

—Todo.

Puse ambos informes sobre la mesa.

—Durante nuestro matrimonio me dijeron que tenía problemas de fertilidad.

Señalé el primero.

—Estos eran los resultados que recibía.

Después señalé el segundo.

—Y estos son los originales.

Ethan comenzó a leer.

Su expresión cambió.

Mis resultados habían sido normales.

Alguien había sustituido documentos y modificado tratamientos para hacerme creer que el problema estaba en mí.

Samantha empezó a retroceder.

—Claire, no estarás insinuando…

Grant colocó varias imágenes impresas sobre la mesa.

Grabaciones de seguridad de la clínica.

Samantha aparecía entrando repetidamente en el área administrativa.

En otra fotografía estaba hablando con una empleada.

Y en la última le entregaba un sobre.

Ethan levantó lentamente la mirada.

—¿Qué hiciste?

—¡Lo hice por nosotros!

Samantha se tapó la boca demasiado tarde.

Ethan quedó inmóvil.

—¿Nosotros?

Ella comenzó a llorar.

—Tú nunca la amaste. Solo te casaste con ella por tu abuela. Yo pensé que si Claire creía que no podía darte hijos…

—¿Entonces qué?

Samantha no respondió.

Yo sí.

—Esperaba que me dejaras.

Ethan cerró los ojos.

Todo lo que había permitido durante tres años acababa de caer sobre él.

Entonces su teléfono sonó.

Era Michael.

Ethan contestó.

—¿Qué encontraste?

Escuchó durante varios segundos.

Después miró a Samantha.

—Repítelo.

Su rostro perdió todavía más color.

Cuando colgó, pregunté:

—¿Qué ocurre?

Ethan no respondió inmediatamente.

Finalmente dejó el teléfono sobre la mesa.

—Michael encontró al hombre de la suite presidencial.

Samantha corrió hacia la puerta.

Grant la detuvo.

—¿Quién es? —pregunté.

Ethan levantó los ojos hacia mí.

—Mi hermano mayor.

Esta vez fui yo quien quedó en silencio.

Ethan miró al bebé.

Luego a Samantha.

—¿Ese niño es de Alexander?

Ella no respondió.

No necesitaba hacerlo.

Tomé mi bolso.

Ethan intentó detenerme.

—Claire, espera. Yo no sabía nada.

Lo miré.

—Ese fue siempre tu problema, Ethan.

Aparté su mano.

—Nunca quisiste saber.

Y salí mientras detrás de mí comenzaba a derrumbarse la mentira que Samantha había tardado diez años en construir.

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