PARTE 2: La habitación que no aparecía en los planos

Tres golpes.

Exactos.

Lentos.

Mia me miró esperando una explicación.

Yo no tenía ninguna.

—Quédate detrás de mí.

Aparté la aspiradora y caminé hacia la biblioteca.

Golpeé la madera con los nudillos.

Sólida.

Avancé hasta el siguiente panel.

Hueco.

Mi expresión cambió.

—Mia, ¿desde cuándo escuchas esto?

—Desde que mamá empezó a limpiar aquí de noche.

—¿Cuánto tiempo?

Levantó seis dedos.

—Seis semanas.

El bebé se movió contra su espalda.

Mia comenzó a mecerse instintivamente para tranquilizarla.

Saqué el teléfono.

—Marco, ven al estudio. Ahora.

Mi jefe de seguridad apareció minutos después.

Revisamos la estantería hasta encontrar una pequeña irregularidad detrás de una colección de libros antiguos.

Presioné.

Algo hizo clic.

Toda una sección se desplazó varios centímetros.

Mia ahogó un grito.

Detrás había un corredor estrecho.

Y al fondo, una puerta.

Marco sacó su arma.

—Señor Duca, atrás.

—No.

Avanzamos.

Entonces volvieron los golpes.

Esta vez desde la puerta.

Tres.

Dos.

Tres.

Marco abrió.

Dentro había una habitación diminuta.

Una cama.

Botellas de agua.

Medicamentos.

Una cámara de vigilancia.

Y una mujer inconsciente en el suelo.

Mia gritó.

—¡Mamá!

Corrió antes de que pudiera detenerla.

Grace Harper.

La misma mujer que supuestamente estaba enferma en casa.

Seguía viva.

Débil, pero viva.

Mientras Marco llamaba a emergencias, vi algo sobre la mesa.

Fotografías.

Decenas.

Todas tomadas dentro de mi casa.

Reuniones privadas.

Documentos.

Invitados.

Yo.

Alguien había utilizado aquel espacio para observarme durante meses.

Grace abrió los ojos apenas unos segundos.

—Señor… Duca…

Me arrodillé.

—¿Quién hizo esto?

Sus labios temblaron.

—No confíe… en seguridad.

Marco se quedó inmóvil detrás de mí.

Lo miré.

Él bajó lentamente el arma.

—Jefe, llevo quince años con usted.

Grace intentó hablar otra vez.

—No… él.

Su dedo señaló la cámara.

Luego susurró un nombre.

—Victor.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

Victor Duca.

Mi hermano menor.

Muerto hacía cuatro años.

O eso decía el certificado que yo mismo había firmado.

Grace apretó mi muñeca.

—Mia encontró la entrada hace semanas.

Miré a la niña.

—Entonces ¿por qué seguías viniendo aquí?

Mia abrazó a Lily.

—Porque mamá me dijo que si desaparecía, tenía que seguir limpiando.

—¿Por qué?

La niña buscó algo dentro del chal del bebé.

Sacó una pequeña llave negra.

—Porque dijo que usted tenía que encontrar esto antes que el hombre de la pared.

Tomé la llave.

Tenía grabado un número.

Marco palideció.

—¿Qué ocurre?

No respondió inmediatamente.

—Señor Duca… el 417 no es una habitación.

—Entonces ¿qué es?

Me miró.

—Es la caja de seguridad que su hermano dejó registrada a su nombre tres días después de su supuesta muerte.

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