PARTE 2: La grabación demostró que Vanessa había preparado la escena antes de entrar

Miré la grabadora durante varios segundos.

No quería escucharla.

No allí.

No mientras todavía necesitaba ayuda para incorporarme en la cama.

Nathan pareció entenderlo.

—Podemos entregarla directamente a la policía —dijo—. No tiene que volver a oír nada.

Aquella frase me devolvió a la realidad.

No necesitaba venganza.

Necesitaba pruebas.

—Hágalo.

Nathan asintió.

Horas después, una agente llegó al hospital y documentó la entrega del dispositivo.

Yo expliqué cuándo lo había encendido y por qué.

Había empezado a grabar porque aquella tarde esperaba hablar con Adrian sobre nuestro matrimonio.

Nunca imaginé lo que terminaría registrando.

La policía revisó el audio sin obligarme a escucharlo completo.

A la mañana siguiente, la agente regresó.

—Señora Bennett, hay algo anterior al momento en que su esposo la agredió.

Sentí que el pecho se me cerraba.

—¿Qué?

—Una conversación telefónica.

Entonces recordé.

Antes de que Vanessa llegara, yo había dejado la grabadora encendida sobre una estantería mientras Adrian pelaba aquella manzana.

Él había salido brevemente de la habitación para responder una llamada.

Pero la grabadora había seguido funcionando.

—¿De quién era la llamada?

La agente no especuló.

Solo abrió sus notas.

—Se escucha al señor Cole hablando con Vanessa Quinn.

La conversación había ocurrido menos de quince minutos antes de que Vanessa apareciera llorando.

Adrian le preguntaba dónde estaba.

Vanessa respondió que estaba cerca.

Después dijo una frase que cambió todo:

“Solo recuerda lo que prometiste: esta vez vas a creerme a mí.”

Adrian contestó:

“Siempre te creo.”

Nada demostraba todavía que él supiera lo que Vanessa iba a hacer.

Pero demostraba que aquella aparición no había sido tan inesperada como él había fingido.

Y había algo más.

Antes de terminar la llamada, Vanessa preguntó:

“¿Clara sigue ahí?”

Adrian respondió que sí.

Quince minutos después, ella apareció acusándome.

Cerré los ojos.

—Quiero que investiguen todo.

—Eso estamos haciendo.

Aquella tarde Adrian intentó entrar nuevamente.

No lo permitieron.

La policía ya había tomado medidas para mantenerlo alejado de mí mientras avanzaba la investigación.

Entonces llamó a Nathan.

No a mí.

Quería saber si podía enviarme una carta.

La rechacé.

Tres días antes me había atacado.

Su arrepentimiento no le daba derecho a acceder a mí.

Pero esa noche ocurrió algo inesperado.

Vanessa desapareció.

No estaba en su apartamento.

Su teléfono estaba apagado.

Y Adrian fue quien informó a los investigadores de algo que nadie más sabía.

Vanessa tenía otro teléfono.

Uno que utilizaba únicamente para comunicarse con una persona.

Cuando revisaron los registros disponibles por las vías correspondientes, apareció un número repetido durante meses.

Adrian conocía al propietario.

Su rostro cambió cuando le mostraron el nombre.

Era Marcus Cole.

Su hermano mayor.

El hombre que llevaba cinco años enfrentado con Adrian por el control de Cole Group.

Cuando Nathan me lo contó, pensé que aquello explicaba todo.

Me equivocaba.

Porque Marcus no había llamado únicamente a Vanessa.

También había llamado repetidamente a Adrian.

Los tres llevaban meses comunicándose.

—¿Entonces Adrian sabía? —pregunté.

—Todavía no podemos concluir eso —respondió Nathan—. Pero hay algo que debería conocer.

Me entregó una copia de un registro que los investigadores habían autorizado mostrarme.

Una llamada de Marcus a Adrian.

La noche anterior al ataque.

Duración: diecisiete minutos.

Después, otra.

Adrian a Vanessa.

Duración: nueve minutos.

Y después una transferencia realizada desde una cuenta empresarial vinculada a Cole Group.

El destinatario no era Vanessa.

Era una clínica privada.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué tiene que ver una clínica con esto?

Nathan permaneció callado demasiado tiempo.

—¿Nathan?

Finalmente se sentó frente a mí.

—Porque Vanessa estuvo allí dos semanas antes del ataque.

—¿Por qué?

—Eso todavía se está verificando.

Entonces colocó sobre la mesa una copia de una solicitud administrativa recuperada durante la investigación.

No contenía mi nombre.

Contenía el de Adrian.

Y junto a él aparecía una petición relacionada con información médica familiar.

Miré a Nathan.

—¿Qué estaban buscando?

Su expresión se endureció.

—Eso es precisamente lo extraño, Clara.

Señaló la fecha.

—La solicitud fue presentada antes de que usted perdiera el embarazo.

Sentí que se me helaba la sangre.

Nathan bajó la voz.

—Y alguien relacionado con Cole Group ya estaba intentando averiguar si Adrian tenía hijos en camino antes de que él afirmara saber que usted estaba embarazada.

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