PARTE 2: La cuenta de 4.218 dólares era la única que Hudson quería que los Prescott encontraran

La jueza Harwell dejó que el silencio se prolongara unos segundos.

Después miró a Nayeon Cole.

—Abogada, ha dicho que la información presentada no representa toda la verdad. Este es el momento de explicarlo.

Nayeon se levantó.

—Con mucho gusto, señoría.

Tomó la primera carpeta.

—La parte demandante afirma que el señor Irwin sobrevivió durante ocho años gracias al dinero de los Prescott.

—Porque así fue —interrumpió Shelby.

La jueza levantó una mano.

—Una interrupción más y abandonará el estrado.

Shelby cerró la boca.

Nayeon colocó varios documentos sobre el atril.

—La cuenta mostrada por el señor Belmont existe. El saldo también es correcto.

Warren sonrió.

Entonces Nayeon añadió:

—Lo que no es correcto es describirla como la totalidad del patrimonio del señor Irwin.

La sonrisa desapareció.

Durante los siguientes minutos, Nayeon presentó documentación financiera preparada para el proceso.

Hudson no había estado desempleado.

Había trabajado durante años mediante una firma privada de inversión tecnológica que nunca utilizaba su nombre públicamente.

Su viejo Honda no era consecuencia de pobreza.

Su ropa sencilla tampoco.

Eran elecciones personales.

La jueza revisó los documentos.

Después levantó la vista.

—¿Estos activos han sido declarados conforme a los requerimientos de este procedimiento?

—Sí, señoría. La información completa fue entregada mediante los canales correspondientes.

Belmont abrió rápidamente su carpeta.

Por primera vez aquella mañana parecía confundido.

—Solicito unos minutos para revisar esto.

—Los tendrá.

Warren se inclinó hacia su abogado.

—¿Qué está pasando?

Belmont no respondió.

La jueza continuó leyendo.

Había participaciones empresariales.

Inversiones.

Propiedades.

Fondos administrados.

Activos adquiridos antes del matrimonio y otros cuya clasificación tendría que determinarse correctamente durante el proceso.

Finalmente Harwell llegó al resumen financiero presentado.

Se quitó lentamente las gafas.

—El patrimonio declarado aquí supera los ciento ochenta millones de dólares.

Nadie se rio.

Shelby se quedó mirando a Hudson.

—¿Ciento ochenta… millones?

Hudson no respondió.

—¡Me dijiste que apenas ganabas dinero!

Entonces habló por primera vez.

—Nunca te dije eso.

Shelby palideció.

—Conducías ese coche horrible.

—Me gusta mi coche.

—¡Usabas ropa barata!

—Me gusta mi ropa.

La jueza golpeó suavemente el estrado.

—Esto no es un interrogatorio sobre las preferencias de consumo del señor Irwin.

Nayeon abrió la segunda carpeta.

—Y ahora llegamos a los 680.000 dólares.

Belmont recuperó algo de confianza.

—Dinero entregado por los Prescott para mantener al demandado.

—Eso afirma su cliente.

Nayeon proyectó una serie de registros.

—Pero estos pagos no fueron realizados a Hudson Irwin.

La primera transferencia estaba dirigida a una sociedad.

La segunda también.

Y la tercera.

Todas tenían algo en común.

El beneficiario final estaba relacionado con una empresa llamada Belmont-Prescott Automotive Holdings.

Belmont dejó de escribir.

La jueza lo observó.

—¿Señor Belmont?

—Necesito revisar esos documentos.

Nayeon continuó con calma.

—El señor Irwin detectó estas transferencias meses antes de solicitarse el divorcio. Por esa razón contrató una revisión independiente.

Warren se levantó.

—¡Esto es absurdo!

—Siéntese —ordenó Harwell.

Hudson finalmente miró al hombre.

—Yo nunca necesité tus 680.000 dólares, Warren.

El patriarca Prescott se sentó lentamente.

—Entonces ¿por qué nunca dijiste nada?

—Porque quería saber quién estaba usando mi nombre.

La sala quedó inmóvil.

Shelby miró a su padre.

—¿De qué está hablando?

Nayeon sacó el último documento.

—Parte del dinero que la familia afirma haber entregado al señor Irwin aparece documentado como préstamos familiares vinculados a él. Sin embargo, los fondos siguieron otra ruta. La naturaleza y responsabilidad de esas operaciones deberán determinarse con la documentación completa.

La jueza Harwell frunció el ceño.

Aquello ya no parecía simplemente una discusión matrimonial.

Shelby bajó del estrado durante el receso y caminó directamente hacia Hudson.

—¿Por qué ocultaste que eras rico?

Hudson levantó la vista.

—Porque cuando te conocí quería saber si podías quererme sin necesitar mi apellido, mis contactos ni mi dinero.

—¡Soy una Prescott! ¡Nunca necesité tu dinero!

Hudson permaneció callado.

Nayeon colocó frente a Shelby una copia de otro documento.

—Entonces quizá pueda explicar esto.

Shelby lo leyó.

Su rostro cambió.

Era un correo enviado desde su propia dirección seis meses antes.

Papá, confirma cuánto podemos reclamarle a Hudson cuando iniciemos el divorcio.

Debajo aparecía otra frase.

Si realmente tiene activos escondidos, quiero saberlo antes de presentar la demanda.

Hudson la observó sin ira.

Eso pareció afectarla todavía más.

—¿Sabías que iba a divorciarme?

—Desde hace meses.

—¿Y no hiciste nada?

—Preparé mis documentos.

Shelby apretó la mandíbula.

—Entonces todo esto era una trampa.

—No.

Hudson cerró su maletín.

—Solo dejé que dijeras bajo juramento lo que realmente pensabas de mí.

Antes de que Shelby pudiera responder, Nayeon recibió un mensaje.

Lo leyó dos veces.

Después se acercó a Hudson y le susurró algo.

Él perdió por primera vez aquella calma absoluta.

—¿Estás segura?

—Acaban de confirmarlo.

La jueza regresó y todos ocuparon sus lugares.

Nayeon se puso de pie.

—Señoría, ha surgido un asunto que puede afectar directamente a la reclamación de los 680.000 dólares.

—Continúe.

—La revisión encontró un documento adicional relacionado con el origen de esos fondos.

Belmont se tensó.

Warren quedó completamente inmóvil.

Nayeon levantó una copia.

—Hace nueve años, antes de que Hudson se casara con Shelby, una empresa controlada por él realizó una inversión privada.

La jueza leyó el nombre de la compañía receptora.

Prescott Automotive Group.

Shelby giró lentamente hacia su padre.

Nayeon terminó:

—Los Prescott no mantuvieron económicamente a Hudson Irwin durante su matrimonio.

Hizo una pausa.

—Existe documentación que indica que, años antes, capital vinculado a Huds

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