Subí al escenario mientras los aplausos se extendían por el salón. Julian seguía inmóvil. Camilla había bajado la mano de su brazo y miraba los pendientes como si de pronto pesaran demasiado.
Malcolm me entregó el micrófono.
—Gracias —dije—. Aurelia salvó empleos y recuperó estabilidad porque sus trabajadores no dejaron de creer en esta empresa.
Julian dio un paso hacia el escenario.
—Audrey, ¿qué significa esto?
—Que Northstar es ahora propietaria mayoritaria.
—¿Desde cuándo tienes una empresa de inversiones?
Lo miré bajo las luces.
—Desde antes de que decidieras que mi vida solo era interesante cuando te hacía sentir importante.
Se oyeron murmullos entre los empleados. Julian intentó sonreír, como si todavía pudiera convertirlo todo en una broma.
—Podríamos hablar de esto en privado.
—Tú elegiste hacerme salir delante de todos.
El presidente Malcolm retomó el micrófono.
—La adquisición también incluyó una revisión independiente de ciertas operaciones financieras. El informe estará disponible para la junta mañana.
La sonrisa de Julian desapareció.
El abogado general abrió una carpeta. Dentro estaban los pagos a una empresa consultora sin empleados, aprobados por Julian durante los últimos seis meses. La compañía figuraba a nombre de una sociedad vinculada a Camilla.
Ella palideció.
—Eso no prueba nada —dijo Julian—. Son gastos de estrategia.
—Entonces no te importará que los revise la junta —respondí.
Los aplausos se apagaron. No quería convertir aquella noche en un espectáculo, pero tampoco iba a ocultar lo que él había hecho mientras exigía que yo desapareciera.
—A partir de mañana, Julian queda suspendido de sus funciones hasta que termine la auditoría —anunció Malcolm—. Camilla también.
Julian miró alrededor, buscando apoyo. Nadie se movió.
Se acercó a mí y bajó la voz.
—¿Preparaste todo esto para humillarme?
—No. Compré Aurelia porque estaba a punto de hundirse. La auditoría encontró lo demás.
Por un instante, pareció comprender que había perdido algo más que un ascenso.
Entonces Camilla se quitó los pendientes y los dejó sobre la mesa.
—Julian me dijo que eran un regalo suyo —murmuró—. No sabía que pertenecían a Audrey.
La miré. Aquella confesión abrió una pregunta que la auditoría aún no había respondido.
Malcolm recibió un mensaje y su rostro cambió.
—Audrey —dijo—, hay otra transferencia. Salió esta misma tarde.
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