PARTE 2: LA DEUDA DE CATORCE AÑOS

Margaret retrocedió.

—Lucas, ella está manipulándote.

Pero Lucas ya no la escuchaba.

Miró el ADN. Después a los tres chicos.

—Contéstame, mamá. ¿Sabías que Elena estaba embarazada?

Margaret guardó silencio.

Eso bastó.

Lucas se volvió hacia mí.

—Nunca pedí el divorcio.

Sentí que algo se hundía en mi pecho.

—Tu madre dijo que sí.

—Nunca le di ningún cheque. Y aquella noche no estaba con Vanessa.

Saqué lentamente el teléfono.

—Entonces explícame la llamada.

Lucas miró hacia la primera fila.

Vanessa Hayes estaba allí.

Ya no era aquella joven arrogante. Su rostro había perdido todo color.

—Díselo —ordenó Lucas.

Vanessa tragó saliva.

—Tu madre me pagó.

Margaret se quedó inmóvil.

—¡Cállate!

Vanessa continuó:

—La habitación era de un hotel donde celebrábamos una reunión. El agua que Elena escuchó venía del baño de la suite. La voz masculina era una grabación.

Lucas cerró los ojos.

Catorce años de odio acababan de derrumbarse en segundos.

—¿Y la camisa?

—También fue idea de Margaret.

Lucas miró a su madre como si fuera una desconocida.

—Me robaste catorce años con mis hijos.

Margaret señaló hacia mí.

—¡Lo hice para proteger el apellido Sterling!

Ethan dio un paso adelante.

—Pues nosotros también somos Sterling.

Lucas lo miró.

La dureza desapareció de su rostro.

—Sí.

Después miró a Noah y Liam.

—Los tres.

Yo intervine inmediatamente.

—No tan rápido.

Lucas volvió hacia mí.

—Ser su padre biológico no te convierte automáticamente en su padre.

Aquello le dolió.

Pero asintió.

—Lo sé.

Regresó al escenario y tomó el micrófono.

Millones seguían mirando.

—Retiro el anuncio sobre mi herencia.

Los periodistas comenzaron a gritar preguntas.

Lucas levantó una mano.

—También ordeno una investigación completa sobre las decisiones tomadas por Margaret Sterling utilizando mi nombre durante los últimos quince años.

Su madre palideció.

—Lucas…

—Se acabó.

Después bajó del escenario y se detuvo frente a nuestros hijos.

No intentó abrazarlos.

No exigió que lo llamaran papá.

Solo preguntó:

—¿Puedo conocerlos?

Los tres me miraron.

Por primera vez, aquella decisión no me correspondía únicamente a mí.

Ethan respondió:

—Puedes intentarlo.

Lucas bajó la cabeza.

—Es más de lo que merezco.

Cuando nos marchábamos, Margaret gritó detrás de nosotros:

—¡Elena! ¡Tú tampoco eres inocente! ¡Pregúntale por qué nunca te buscó!

Me detuve.

Lucas también.

Margaret sonrió desesperadamente.

—Cuéntale, hijo. Cuéntale qué encontraste en su habitación después del divorcio.

Miré a Lucas.

Su rostro cambió.

—¿Qué encontraste?

Lucas tardó demasiado en responder.

Finalmente dijo:

—Una carta escrita por ti.

—Yo nunca te escribí ninguna carta.

El salón volvió a quedarse en silencio.

Y entonces comprendimos que Margaret no había sido la única persona que había manipulado nuestro divorcio.

Alguien más había querido mantener separados a los Sterling durante catorce años.

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