PARTE 2: LA DEUDA CAMBIÓ DE DUEÑO

Elena lo miró fijamente.

—¿Contigo?

Adrian sostuvo su mirada unos segundos y luego retrocedió.

—Trabajando para mí.

Elena parpadeó.

—¿Qué?

Él dejó los billetes sobre una mesa.

—Los Ward necesitan una inversión. Yo necesito a alguien que conozca su empresa desde dentro.

—¿Y eso tiene que ver con aquella noche?

—Nada.

Adrian hizo una pausa.

—Excepto que ahora sé que eres mucho menos tímida de lo que finges.

Elena recuperó sus gafas.

—Entonces hablemos de negocios.

Aquella respuesta pareció divertirlo.

—Mañana. Ocho de la mañana. Blackwood Tower.

—¿Y si no voy?

—Tu padre tendrá que encontrar otro inversor.

Elena apretó la mandíbula.

—Eso es chantaje.

—No.

Adrian abrió la puerta.

—Es una entrevista.


A la mañana siguiente, Elena llegó preparada.

Sin vestido gris.

Sin maquillaje para esconderse.

Traje oscuro, cabello recogido y una carpeta con las cuentas completas de Ward Technologies.

Adrian levantó la vista cuando entró.

Por primera vez pareció sorprendido.

—Así que ésta es la verdadera Elena Ward.

—No.

Dejó la carpeta frente a él.

—Ésta es la Elena que vino a salvar una empresa.

Durante casi dos horas discutieron cifras.

Adrian intentó encontrar errores.

Elena corrigió dos de sus proyecciones.

Él cuestionó su estrategia de expansión.

Ella demostró que uno de sus propios analistas había utilizado datos desactualizados.

Finalmente Adrian cerró el documento.

—¿Quién preparó esto?

—Yo.

—Tu padre dijo que nunca trabajaste formalmente en la empresa.

—Porque mi hermano considera que las mujeres de la familia deben casarse, no dirigir compañías.

Adrian permaneció callado.

—Entonces tu familia tampoco sabe quién eres.

—Parece que tenemos algo en común.

Por primera vez, él sonrió de verdad.

Pero antes de responder, la puerta se abrió.

Christopher entró.

Mi exnovio.

Y detrás de él apareció la mujer con quien lo había encontrado.

Mi antigua mejor amiga.

Christopher se detuvo al verme.

—Elena.

Luego miró a Adrian.

—¿Qué haces aquí?

—Trabajando.

Christopher soltó una risa.

—¿Tú?

Me levanté.

—¿Qué quieres?

Su expresión cambió.

—Vengo representando al fondo que pretende comprar Ward Technologies cuando quiebre.

El aire de la habitación se volvió frío.

Adrian apoyó tranquilamente la espalda en su silla.

—Interesante.

Christopher dejó unos documentos sobre la mesa.

—Señor Blackwood, invertir en los Ward sería desperdiciar dinero. Dentro de treinta días no podrán pagar sus préstamos.

Miré las cifras.

Eran correctas.

Demasiado correctas.

Aquellos datos eran confidenciales.

—¿Cómo conseguiste esto?

Christopher sonrió.

Y comprendí.

Durante nuestra relación había tenido acceso a mi computadora.

—Fuiste tú.

Su sonrisa desapareció.

—No sé de qué hablas.

—Sabías exactamente cuándo vencían nuestros créditos.

Me acerqué.

—No estabas esperando que mi familia quebrara.

—Estabas ayudando a que ocurriera.

Adrian tomó los documentos.

—¿Tiene pruebas, señorita Ward?

—Todavía no.

Christopher volvió a sonreír.

—Entonces tenga cuidado con las acusaciones.

Adrian pulsó un botón.

Su asistente entró inmediatamente.

—Suspenda cualquier reunión con el fondo del señor Carter.

Christopher palideció.

—¿Qué?

—Hasta que terminemos nuestra revisión.

—¡No puede hacer eso!

Adrian levantó la mirada.

—Acabo de hacerlo.

Christopher me señaló.

—¿Estás acostándote con él ahora?

La habitación quedó en silencio.

Mi cara ardió.

Adrian se levantó lentamente.

Ya no sonreía.

—Señor Carter.

Su voz era tranquila.

—Puede cuestionar una inversión.

—Puede cuestionar su estrategia.

Dio un paso hacia él.

—Pero vuelve a hablarle así dentro de mi edificio y será la última reunión que tengas con cualquiera de mis empresas.

Christopher cerró la boca.

Y se marchó.


Horas después, Adrian aprobó la inversión.

Pero cuando estaba a punto de firmar, su abogado entró apresuradamente.

—Señor Blackwood, encontramos algo durante la revisión de Ward Technologies.

Colocó una carpeta sobre la mesa.

—¿Qué?

—La deuda que está llevando a los Ward a la quiebra no pertenece al banco desde hace seis meses.

Sentí un escalofrío.

—¿Entonces quién la compró?

El abogado miró a Adrian.

—Una sociedad vinculada a Blackwood Holdings.

Adrian frunció el ceño.

—Yo nunca autoricé esa compra.

El abogado abrió la última página.

Había una firma.

Adrian la reconoció inmediatamente.

Su expresión cambió.

—Mi abuelo.

Me quedé inmóvil.

—¿Por qué su abuelo compraría en secreto la deuda de mi familia?

Nadie respondió.

Entonces el abogado sacó un segundo documento.

Era antiguo.

Veinticuatro años.

En él aparecían dos apellidos.

Blackwood.

Ward.

Y una cláusula escrita mucho antes de que Adrian y yo nos conociéramos.

Elena Ward debía incorporarse al patrimonio familiar Blackwood antes de cumplir veintiséis años.

Levanté la cabeza.

—¿Qué significa “incorporarse”?

Adrian siguió leyendo.

Después me miró.

Toda diversión había desaparecido de su rostro.

—Significa que aquella reunión entre nuestras familias nunca fue para pedir una inversión.

—¿Entonces para qué era?

Su mandíbula se tensó.

—Para negociar nuestro matrimonio.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Pero Adrian señaló la fecha del contrato.

—Y hay algo peor.

Miré.

El acuerdo había sido modificado hacía apenas tres semanas.

La misma semana en que Christopher me engañó.

La misma semana en que entré en aquel bar.

La misma noche en que conocí “por casualidad” a Adrian Blackwood.

Lo miré lentamente.

—Dime que tú no sabías nada.

Adrian sostuvo mi mirada.

—No lo sabía.

Entonces su teléfono vibró.

Era un mensaje de su abuelo.

Sólo contenía una frase:

“Por fin encontraste a la mujer que te elegimos.”

Y por primera vez, ambos comprendimos que nuestro encuentro quizá nunca había sido casualidad.

Related Posts

PARTE 2: Lo que Ben llevaba un año ocultando

—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté. Arnold bajó la mirada. Sus ojos seguían húmedos. —¿Ben nunca te contó lo que ocurrió hace un año? Sentí que el…

PARTE 2: La última carta de mi abuelo

Flynn permaneció mirando la fotografía sin decir una palabra. En la imagen se veía claramente la escalera. Cordelia estaba detrás de mí. Y Flynn aparecía junto a…

PARTE 2: La grabación que cambió las reglas

La grabación permanecía sobre la mesa mientras yo intentaba asimilar que, por primera vez, tenía algo que mi esposo no podía negar. Su voz estaba allí. La…

PARTE 2: El hombre que descubrió demasiado tarde

Alejandro seguía mirándome desde el escenario. No apartaba los ojos de Emiliano. Mi hijo, completamente ajeno a lo que acababa de suceder, recibió el diploma con una…

PARTE 2: La verdad detrás de la isla

Levanté el micrófono. —Antes de que continúe esta celebración, hay algo que todos aquí tienen derecho a saber. El murmullo de los invitados se extendió por la…

PARTE 2: El precio de descubrir la verdad

Álvaro me miró como si acabara de hablar en un idioma que no comprendía. —¿Qué significa eso? Señalé los documentos sobre la mesa. —Significa que mi participación…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *