PARTE 2: ESTA VEZ NO VOLVÍ

La mañana del cumpleaños de Ethan desperté con el sol entrando por la ventana del departamento 601.

Dormía sobre un colchón prestado y todavía tenía que subir agua caliente de una cafetería para prepararme té. Aun así, me quedé unos minutos mirando la luz sobre el suelo. Nadie esperaba que pidiera perdón antes de empezar el día.

Mia llamó al mediodía.

—Ethan apareció otra vez en la oficina —dijo—. Creía que ibas a ir a su cena de cumpleaños.

—Espero que disfrute la cena.

Mia vaciló.

—Dice que la foto con Sophie fue para provocarte. Que ustedes seguían juntos.

Miré las dos maletas sin deshacer.

—Lo que él diga ahora no cambia lo que publicó.

—Le dije que no sabía dónde estabas. Me pidió que te pasara un mensaje.

—Puedes hacerlo. No necesitas quedar atrapada en medio.

Ella suspiró, aliviada.

—Dice que quiere hablar contigo.

—Lo pensaré.

Esa tarde envié solicitudes de empleo. No tenía un gran plan para mi nueva vida; tenía experiencia, algunos ahorros y un alquiler que pagar el mes siguiente. Mi antigua jefa había aceptado ser mi referencia, y eso me ayudó a sentir que no había dejado atrás todo lo que había construido.

Al anochecer, alguien llamó a la puerta. Era Noah, con una caja de herramientas.

—La administradora me dijo que la lámpara del 601 no funciona —explicó—. Puedo revisarla, si quieres.

Lo dejé pasar. Encontró una bombilla suelta, la ajustó y la habitación se iluminó.

—Gracias —dije.

—De nada.

Se marchó sin preguntarme por qué acababa de mudarme ni por qué solo tenía dos maletas. Agradecí también eso.

Tres días después conseguí una entrevista. Cuando salí, encontré a Ethan esperándome frente al edificio. Mia no le había dicho nada; más tarde supe que había visto mi nombre en una publicación de la empresa sobre las entrevistas de ese día.

Se acercó con el rostro cansado.

—Olivia, tenemos que hablar.

—Podemos hablar aquí.

Miró a la gente que pasaba.

—La foto fue una estupidez. Quería que reaccionaras. Sophie y yo…

—No necesito los detalles.

—Entonces dime por qué te fuiste sin darme una oportunidad de explicarlo.

Durante años había temido esa pregunta. Ahora sabía responderla.

—Vi lo que escribiste sobre mí. Y recordé cuántas veces te dejé tratarme así.

Ethan bajó la mirada.

—Lo siento.

—Te escucho —dije—. Pero no voy a volver.

Esperó, quizá pensando que añadiría una condición, una discusión, algo que pudiera negociar. No tenía nada más que ofrecerle. Me despedí y caminé hacia la estación.

Una semana después me llamaron para darme el trabajo. Compré una cama, pagué el primer mes de alquiler con mi propio sueldo y coloqué una lámpara junto a la ventana.

Ethan cumplió años sin mí. Yo estaba ocupada empezando el resto de mi vida.

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