PARTE 2: EL PLAN DE SUPERVIVENCIA

No podía quedarme allí.

Cada segundo que pasaba escuchando sus voces era un segundo más cerca de convertirme en una noticia olvidada.

“La heredera Sterling desaparece durante su luna de miel.”

Eso era lo que el mundo vería.

Nadie sabría que mi propio esposo había planeado mi muerte.

Nadie sabría que las personas que me llamaban familia estaban celebrando mi desaparición.

Respiré lentamente.

Una vez.

Dos veces.

El miedo seguía ahí.

Pero algo más fuerte empezó a crecer.

Instinto.

Abrí los ojos y miré alrededor.

El pasillo estaba vacío.

Tenía las piernas débiles por las pastillas, pero todavía podía caminar.

No podía enfrentar a Flynn.

No todavía.

Un enfrentamiento directo era exactamente lo que ellos querían.

Necesitaba tiempo.

Necesitaba pruebas.

Y necesitaba que todos creyeran que su plan seguía funcionando.

Volví lentamente a la suite.

Cada paso parecía pesar una tonelada.

Cuando cerré la puerta detrás de mí, lo primero que hice fue correr al baño.

Abrí el grifo y vacié mi bolso sobre el mármol.

Mi teléfono.

Mi pasaporte.

Una pequeña caja de joyas.

Y el reloj que mi padre me regaló antes de la boda.

Lo tomé entre mis manos.

Nunca imaginé que aquel regalo sería lo que me salvaría.

Porque mi padre no era solamente un hombre rico.

Era un hombre que desconfiaba del mundo.

Especialmente de quienes se acercaban demasiado a su familia.

Presioné un pequeño botón oculto en la parte trasera del reloj.

Una luz azul parpadeó.

El dispositivo de emergencia seguía activo.

Mi padre había insistido.

—Si algún día sientes que algo no está bien, no importa dónde estés, presiona esto.

Yo había reído.

Pensé que exageraba.

Ahora estaba agradecida de haberlo escuchado.

Pero todavía no podía pedir ayuda abiertamente.

El barco estaba lleno de personas elegidas por Flynn.

O al menos eso creía.

De repente escuché la puerta de la suite abrirse.

Guardé el reloj rápidamente.

Me acosté en la cama y cerré los ojos.

Segundos después, Flynn entró.

—Amor.

Su voz era dulce.

La misma voz que durante años me había hecho sentir segura.

—¿Ya estás dormida?

No respondí.

Escuché sus pasos acercarse.

Sentí sus dedos tocar mi frente.

—Pobrecita.

Una mentira perfecta.

Me quedé inmóvil.

—La medicina está funcionando.

Mi sangre se congeló.

Entonces escuché una llamada.

—Papá.

Una pausa.

—Sí. Todo sigue igual.

Otra pausa.

—Está completamente agotada.

Apreté los puños bajo la manta.

Flynn sonrió.

—A medianoche termina todo.

Esperó unos segundos y salió de la habitación.

Abrí los ojos.

Ya no había dudas.

Pero justo cuando iba a levantarme, mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Lo abrí.

Solo había una frase:

“Si escuchaste la conversación, no confíes en nadie del barco.”

Mi respiración se detuvo.

Debajo había otra línea.

“Especialmente no confíes en la persona que crees que vino a salvarte.”

Miré la pantalla confundida.

¿Quién había enviado ese mensaje?

¿Alguien más estaba observándome?

Entonces llegó un segundo mensaje.

Una fotografía.

Era una imagen tomada desde fuera de mi suite.

Yo.

Dormida en la cama.

La habían tomado minutos antes.

Alguien estaba dentro del barco.

Alguien sabía que había descubierto el plan.

Y lo peor…

esa persona estaba esperando para ver qué haría después.

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