Mi hermano me pidió que le enviara una fotografía de la mano de Camila. Después de verla, dejó de preguntarme si estaba segura.
—Llévala a que la revisen —dijo—. Y no vuelvas a hablar con Mauricio a solas.
Mientras una doctora examinaba los dedos hinchados de mi hija, Alejandro revisó el expediente del préstamo. No podía aprobarlo ni rechazarlo por ser mi hermano; la decisión debía seguir el proceso habitual. Pero encontró algo que no esperaba.
—La solicitud de treinta millones está respaldada por una garantía sobre un almacén —me explicó—. El documento dice que tú autorizaste el uso de la propiedad.
—Yo no firmé nada.
Alejandro guardó silencio.
A la mañana siguiente, una abogada me ayudó a revisar los movimientos de las cuentas. Las transferencias a Vanessa sumaban más de tres millones y medio de pesos. Pero el expediente del préstamo era peor: contenía una copia de mi firma, una autorización notarial y mi huella digital.
La fecha me golpeó como un recuerdo.
Ocho años antes, cuando nació Camila prematura, yo seguía hospitalizada. Mauricio había llevado documentos para que firmara; dijo que eran trámites de la empresa. Apenas podía mantener los ojos abiertos. Confié en él.
—¿Pueden verificar cuándo se registró esa huella? —pregunté.
La abogada llamó al notario indicado en el documento. Tras unos minutos, colgó con el rostro tenso.
—La autorización se presentó hace tres meses. La huella no fue tomada en una notaría. Aparece en un archivo escaneado.
Así que Mauricio no solo había usado nuestras cuentas para financiar la casa de Vanessa. También había intentado comprometer el almacén que sostenía sus operaciones, sin mi permiso.
Alejandro volvió a llamarme esa tarde.
—El banco suspendió el trámite hasta verificar los documentos. No puedo decirte qué decidirán, pero alguien entregó personalmente la solicitud.
—¿Mauricio?
—No. Vanessa.
La abogada me indicó que guardara silencio y que no la confrontara todavía. Pero, antes de que pudiera responder, mi teléfono recibió un mensaje de un número desconocido.
Era una fotografía de Camila dormida en la sala de espera.
Debajo decía:
«Retira la denuncia y el préstamo seguirá adelante. Si no, Mauricio pedirá la custodia de tu hija».