PARTE 2: El expediente Caldwell

El general Hale bajó el saludo y me ofreció el brazo para acompañarme.

Mi padre seguía con la mano extendida.

—General, debe de haber un error —dijo Victor—. Maya no trabaja en adquisiciones.

Hale lo miró por primera vez.

—No, señor Caldwell. La coronel Caldwell está aquí por una razón distinta.

No explicó cuál. No hacía falta. La expresión de mi padre cambió cuando dos oficiales se acercaron y me entregaron una carpeta con el sello de acceso restringido.

—¿Qué misión? —preguntó Blake, ahora sin rastro de burla.

—Una evaluación de seguridad —respondí.

Hale me condujo a una sala privada junto a la recepción. Antes de que se cerraran las puertas, alcancé a oír a Lorraine murmurar que todo debía de ser una confusión.

Dentro, el general abrió la carpeta.

—El secretario necesita una recomendación antes de autorizar la siguiente fase del contrato de Caldwell Defense Systems. Surgieron irregularidades en una prueba de comunicaciones militares. Su informe determinará si el programa continúa.

Miré los documentos. No había ido a la Casa Blanca para enfrentar a mi familia. Mi equipo llevaba meses examinando fallos técnicos que podían comprometer sistemas usados por varias unidades.

—¿La empresa sabe que el informe está listo? —pregunté.

—Aún no.

La puerta se abrió. Un asistente anunció que Victor Caldwell solicitaba entrar. Hale negó con la cabeza.

—La reunión es confidencial.

Mi padre no estaba acostumbrado a escuchar esa respuesta. Lo vi a través del vidrio, discutiendo con un oficial mientras Blake le hablaba al oído.

Entonces reconocí el nombre de la empresa en una de las páginas. El fallo principal no procedía de una prueba aislada: alguien había accedido al entorno de evaluación con credenciales autorizadas.

Pasé a la hoja siguiente.

Había un registro de inicio de sesión, una fecha y un nombre de usuario.

BLAKE.CALDWELL.

—¿Esto está confirmado? —pregunté.

Hale asintió.

—La cuenta se utilizó para copiar archivos restringidos. Pero falta determinar quién estaba detrás de ella.

Volví a mirar por el vidrio. Blake ya no discutía. Observaba la carpeta entre mis manos.

El secretario entró y tomó asiento.

—Coronel, antes de que emita su recomendación, hay una cuestión que debemos resolver.

Dejó una fotografía sobre la mesa.

En ella, Blake aparecía entrando al edificio donde ocurrió la filtración, acompañado por una persona que yo reconocí de inmediato. Era mi padre.

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