PARTE 2: EL HOMBRE QUE CLARA TEMÍA

Clara no dejó caer la copa por accidente.

Cuando vio a Marcus detrás del cristal, su rostro perdió todo el color.

—¿Qué hace él aquí? —susurró.

Aquella reacción confirmó algo que yo sospechaba desde hacía años.

Clara conocía a Marcus.

Y le tenía miedo.

Salí del restaurante sin responderle.

Marcus abrió la puerta del auto para mí. Durante tres años había sido la única persona que conocía la verdad completa: las cicatrices, las noches en que despertaba aterrada y, sobre todo, lo que realmente había ocurrido después de que Ethan me enviara al extranjero.

—¿Te hizo algo? —preguntó.

—Todavía no.

Marcus miró hacia el restaurante.

Clara seguía observándonos.

—Entonces ya sabe que regresé.

—Era inevitable.

Subí al auto.

Antes de cerrar la puerta, Marcus añadió:

—Encontré al hombre que buscábamos.

Mi corazón se detuvo.

—¿Está dispuesto a hablar?

—Sí.

Aquella noche entendí por qué Clara había palidecido.

Marcus había localizado a David Chen, antiguo empleado de la familia Lin.

El hombre que tres años atrás había comprado el pastel de mango.

No lo había comprado para mí.

Lo había comprado siguiendo instrucciones de Clara.

Ella sabía perfectamente qué contenía.

Y también sabía que era alérgica.

Su plan nunca había sido morir.

Había preparado medicamentos de emergencia y organizado todo para que Ethan llegara en el momento exacto.

Necesitaba parecer víctima.

Yo necesitaba parecer culpable.

—Tenemos transferencias, mensajes y su declaración —dijo Marcus—. Pero hay algo más.

Deslizó una fotografía sobre la mesa.

Reconocí inmediatamente el edificio.

El lugar al que me habían enviado para “corregirme”.

—Clara pagó parte de tu estancia allí.

Sentí frío.

Durante tres años había pensado que Ethan simplemente me había abandonado en aquel lugar.

Ahora descubría que Clara había participado incluso después de mi partida.

Marcus tomó mi mano.

—Podemos acabar con esto.

Negué lentamente.

—Todavía no.

—Elena…

—Quiero que se case.

Marcus me observó sorprendido.

Sonreí.

—Clara compró mi vestido para caminar hacia Ethan creyendo que había conseguido todo lo que quería.

Miré la fotografía.

—Que se lo ponga.

La boda llegó cuatro semanas después.

Yo no estaba invitada.

Marcus sí.

Cuando entramos juntos al salón, las conversaciones murieron una tras otra.

Ethan estaba frente al altar.

Y Clara llevaba Starlight.

Mi antiguo sueño le quedaba perfectamente.

Pero cuando me vio caminando del brazo de Marcus, dejó de sonreír.

Ethan también.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

Marcus sacó una invitación.

—Me invitaron los Hale.

Ethan miró nuestras manos entrelazadas.

—¿Desde cuándo conoces a Elena?

Marcus sonrió sin humor.

—Desde que tú la abandonaste.

Antes de que Ethan pudiera responder, entraron dos hombres acompañados por un abogado.

Uno era David Chen.

Clara retrocedió.

—No…

David dejó una carpeta sobre una mesa.

—Señor Hale, hace tres años mentí.

El salón quedó completamente en silencio.

Entonces contó todo.

El pastel.

El dinero.

Los medicamentos preparados de antemano.

Las instrucciones de Clara.

Finalmente aparecieron los mensajes.

Ethan leyó uno.

Después otro.

Su rostro comenzó a descomponerse.

—Clara…

Ella negó desesperadamente.

—¡Está mintiendo!

Marcus colocó una segunda carpeta frente a Ethan.

—Entonces quizá también quieras explicar estos pagos.

Eran transferencias relacionadas con el lugar donde pasé aquellos tres años.

Ethan levantó lentamente la mirada hacia Clara.

—¿Tú sabías dónde estaba Elena?

Clara empezó a llorar.

—Lo hice por nosotros.

Aquella frase terminó de destruirla.

Ethan miró mis brazos.

Por primera vez pareció comprender que aquellas cicatrices no eran parte de una historia exagerada que yo había inventado.

Se acercó.

—Elena… yo no sabía.

Retrocedí inmediatamente.

—Pero elegiste no saber.

Eso lo detuvo.

—Te pedí que me escucharas —continué—. Elegiste creerle a ella.

Ethan tragó saliva.

—Puedo arreglarlo.

Marcus soltó una risa seca.

Yo no.

Simplemente miré al hombre por quien alguna vez habría sacrificado todo.

—No regresé para que lo arreglaras.

Tomé la mano de Marcus.

—Regresé porque ya no necesito esconderme.

Ethan miró nuestras manos.

Entonces vio el anillo.

Su expresión cambió.

—¿Qué significa eso?

Marcus respondió antes que yo.

—Que mientras tú estabas preparando una boda con la mujer que destruyó su vida, yo estaba preparando la mía con Elena.

Clara se quedó inmóvil.

Ethan parecía incapaz de respirar.

Yo observé Starlight una última vez.

Durante años aquel vestido había representado el futuro que Ethan me había negado.

Ahora solamente veía tres millones muy bien pagados.

Sonreí.

—Por cierto, Clara.

Ella levantó los ojos.

—Puedes quedarte con el vestido.

Me giré hacia la salida.

—Yo ya encontré algo que me queda mucho mejor.

Marcus abrió la puerta.

Y esta vez, cuando abandoné a Ethan Hale, nadie tuvo que enviarme al otro lado del mundo.

Me fui porque finalmente era libre.

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