A las nueve y cuarenta, un coche negro se detuvo frente al ático.
Richard Mercer me esperaba junto a la puerta trasera.
—¿Estás segura? —preguntó.
Acomodé la manga de mi vestido.
—Dominic cree que sin él no puedo entrar.
Richard sonrió.
—Entonces será una noche educativa.
Al llegar a Meridian, el anfitrión no me pidió identificación. Me recibió por mi nombre y nos condujo al salón principal.
Dominic estaba junto a Vanessa cuando me vio.
Su copa se detuvo a mitad de camino.
Primero miró mi vestido. Después, el brazo de Richard que yo sostenía.
—Evelyn, ¿qué haces aquí?
—He venido a una gala.
Vanessa soltó una risa incómoda.
—Dominic dijo que no te sentías bien.
—Dominic suele responder por mí sin preguntarme.
Richard se apartó unos pasos para saludar al organizador. Mi marido aprovechó.
—No sabes con quién estás jugando —susurró—. Mercer nunca hace nada gratis.
—Lo sé. Por eso llevamos meses negociando.
Su expresión cambió.
Antes de que pudiera preguntar, las luces bajaron y el anfitrión tomó el micrófono.
—Esta noche celebramos una inversión que permitirá rehabilitar tres antiguos edificios del sur de Chicago. Su arquitecta y promotora ha dedicado cuatro años a desarrollar el proyecto: Evelyn Hart.
Mi apellido.
El que Dominic nunca había incluido en sus presentaciones.
Subí al escenario. En la pantalla aparecieron planos que yo había dibujado durante noches en las que él creía que simplemente esperaba su regreso.
Richard había financiado la primera fase después de revisar cada cifra. No me había invitado por compasión. Había apostado por mi trabajo.
Cuando terminé, Dominic me esperaba al pie de las escaleras.
—Podrías habérmelo contado.
—Te lo conté. Dijiste que mis edificios eran un pasatiempo.
Abrió la boca, pero no encontró qué decir.
—El ático… —empezó.
—Mi abogada hablará contigo sobre eso. Una orden tuya no resuelve nuestros derechos sobre la vivienda.
Richard se acercó y me entregó mi abrigo.
Dominic lo miró.
—¿Qué quieres a cambio de ayudarla?
Richard volvió los ojos hacia mí, dejando que respondiera.
—No está ayudando a tu esposa —dije—. Está trabajando con su socia.
Después salí del salón sin esperar permiso.
Por la mañana tendría cajas que preparar.
Aquella noche, por fin, tenía algo que celebrar.