Tres días después, Gideon regresó a casa con una caja llena de documentos.
No se quitó el abrigo.
—Gwen, necesito preguntarte algo.
Dejó sobre la mesa un extracto bancario de hacía diecisiete años.
—¿Cuánto recibiste exactamente por tu apartamento?
Gwen recordó la cifra.
—Cuatrocientos ochenta mil dólares.
Gideon señaló una transferencia.
$472,600.
La fecha coincidía con la semana en que Douglas había fundado Sterling-Palmer Holdings.
—Este fue nuestro capital inicial —dijo Gideon—. Douglas aportó este dinero y recibió el cuarenta y nueve por ciento de la empresa.
Gwen sintió que algo se cerraba alrededor de su pecho.
—Ese dinero era mío.
—Lo sé.
Pero Gideon pasó otra página.
—Y aquí empieza el problema.
Douglas había declarado aquel capital como una inversión realizada personalmente por él.
No como préstamo.
No como dinero familiar.
Inversión propia.
Durante diecisiete años, aquel cuarenta y nueve por ciento había generado dividendos, adquisiciones y participaciones en otras seis compañías.
Gideon escribió una cifra.
$38,400,000.
Gwen se quedó mirando los números.
—No entiendo.
—Ese es el valor aproximado actual de la participación que nació directamente de tu dinero.
Sus manos comenzaron a temblar.
Douglas le había dicho que no tenía derecho a nada.
Pero había construido prácticamente toda su fortuna sobre el único patrimonio que ella poseía antes del matrimonio.
Entonces Gideon sacó otro documento.
—Hay algo peor.
Dos años después de fundar la empresa, Douglas había presentado una declaración afirmando que Gwen había renunciado voluntariamente a cualquier interés relacionado con aquella inversión.
Había una firma.
La suya.
Gwen la observó.
—Yo nunca firmé esto.
Gideon cerró los ojos.
Aquello convertía una disputa matrimonial en algo mucho más serio.
Esa tarde llamaron a una abogada.
Antes de terminar la reunión, el teléfono de Gwen sonó.
Douglas.
Contestó.
—¿Dónde estás?
—Eso ya no es asunto tuyo.
—Gwen, escucha. Podemos resolver esto civilizadamente.
Ella miró a Gideon.
—¿Por qué estás nervioso?
Silencio.
Después Douglas preguntó:
—¿Estás con Gideon?
Gwen no respondió.
Douglas colgó.
Veinte minutos después, Gideon recibió una alerta del sistema corporativo.
Alguien estaba intentando eliminar archivos antiguos.
Accedieron inmediatamente al servidor.
Había contratos.
Transferencias.
Documentos falsificados.
Pero un archivo llamó especialmente la atención.
PALMER FAMILY TRUST.
Gwen creyó que pertenecía a Douglas.
Hasta que Gideon abrió la primera página.
Beneficiaria original:
Gwendolyn Ramírez Palmer.
Fecha de creación:
Diecisiete años atrás.
Gwen se quedó sin respirar.
—Nunca he visto eso.
Gideon siguió leyendo.
El fideicomiso poseía indirectamente acciones de varias empresas.
Valor estimado:
$61,700,000.
Pero cinco años atrás, la beneficiaria había cambiado.
De Gwen Palmer…
a Margaret Palmer.
La madre de Douglas.
La misma mujer a cuyo nombre estaba registrada la casa de la que acababan de echarla.
—G
