A la mañana siguiente encontré a Dominic dormido en su despacho.
Sobre el escritorio había una fotografía.
Leo tenía apenas unos meses.
Una mujer rubia lo sostenía entre los brazos.
En la parte trasera alguien había escrito:
Elena, Dominic y nuestro pequeño Leo.
Aparté la mirada inmediatamente.
—No deberías estar viendo eso.
La voz de Dominic me sobresaltó.
—Lo siento.
Él tomó la fotografía.
—Era mi esposa.
—¿Murió?
Su mandíbula se tensó.
—Hace cinco años.
Entonces comprendí la tristeza de Leo.
Había crecido en una casa donde nadie pronunciaba el nombre de su madre.
Aquella tarde escuché risas arriba.
Lily estaba sentada junto a Leo, dibujando.
—Esta es mi mamá —dijo orgullosamente.
Leo dibujó una mujer.
Después escribió torpemente debajo:
MAMÁ ELENA.
Lily observó ambos dibujos.
—Se parecen.
Me reí.
Hasta que vi las caras.
Lily había dibujado mis ojos.
Leo había dibujado exactamente los mismos.
Esa noche Dominic me detuvo antes de salir.
—¿Dónde nació Lily?
La pregunta me incomodó.
—En Boston.
—¿Qué hospital?
—Saint Matthew.
Dominic palideció.
—¿Fecha?
Se la dije.
Retrocedió como si lo hubiera golpeado.
Sin explicar nada, desapareció en su despacho.
A la mañana siguiente había un sobre sobre la mesa.
Dentro había dos informes médicos.
Uno pertenecía a Leo.
El otro llevaba mi nombre.
—¿Qué es esto?
Dominic cerró la puerta.
—Cuando Elena murió, encontré documentos sobre un tratamiento de fertilidad.
Me mostró una página.
Se habían creado cuatro embriones.
Uno produjo el embarazo de Leo.
Dos fueron almacenados.
El cuarto figuraba como destruido.
Pero alguien había alterado el expediente.
—¿Qué tiene eso que ver conmigo?
Dominic deslizó otro documento.
Tres años atrás yo había sufrido una emergencia durante mi embarazo.
Recordaba vagamente transfusiones, médicos entrando y saliendo, semanas enteras confusas.
Pero aquel informe contenía algo que jamás había visto.
Transferencia embrionaria previa registrada.
Sentí que las piernas me fallaban.
—Eso es imposible.
—Yo también pensé eso.
Dominic dejó un resultado genético frente a mí.
Leo Moretti y Lily Carter: compatibilidad biológica de hermanos completos.
Me quedé sin aire.
—No.
Dominic tenía los ojos húmedos.
—Lily es hija genética de Elena.
Miré hacia las escaleras.
Mi pequeña.
Mi hija.
—¿Y el padre?
Dominic no respondió.
No necesitaba hacerlo.
Pero entonces apareció Leo en el pasillo.
Llevaba una caja que había encontrado en el antiguo dormitorio de Elena.
—Papá, Lily encontró esto.
Dentro había una memoria USB.
Dominic la conectó.
El video mostraba a Elena días antes de morir.
Estaba llorando.
—Dominic, si estás viendo esto, significa que no conseguí detenerlos.
Él dejó de respirar.
—Leo no fue el único bebé.
Elena levantó un documento.
—Alguien robó uno de nuestros embriones.
Dominic apretó el borde del escritorio.
Entonces Elena dijo algo que hizo que ambos nos miráramos.
—Pero si encuentras a la mujer que tuvo a nuestra hija, no confíes en ella.
Sentí frío.
Elena continuó:
—Porque Isabella Carter trabajaba para ellos mucho antes de que entrara en nuestra casa.
Dominic giró lentamente hacia mí.
Yo retrocedí.
—Nunca conocí a Elena.
La grabación siguió reproduciéndose.
Y entonces apareció una fotografía en la pantalla.
Era yo.
Tomada siete años atrás.
Mucho antes del nacimiento de Lily.
Mucho antes de que yo creyera haber conocido a Dominic Moretti.
