A las 9:47 entré en Meridian del brazo de Richard Mercer.
Las conversaciones comenzaron a apagarse.
Dominic estaba junto al escenario con Vanessa.
Cuando me vio, su copa quedó suspendida a medio camino de sus labios.
Pero fue Vanessa quien perdió primero la sonrisa.
—¿Qué hace ella aquí?
Richard me condujo directamente hacia ellos.
—Buenas noches, Dominic.
Mi marido recuperó la compostura.
—Mercer.
Después me miró.
—Evelyn, ¿qué estás haciendo?
Richard respondió por mí.
—Asistiendo a una gala a la que fue invitada personalmente.
Dominic frunció el ceño.
—¿Por qué invitarías a mi esposa?
—Pronto será tu exesposa, según tengo entendido.
La mandíbula de Dominic se endureció.
Richard sonrió.
—Eso facilitará mucho las cosas.
Las luces del salón disminuyeron.
El presidente de Meridian subió al escenario.
—Esta noche presentamos al nuevo socio estratégico de Vale Maritime.
Dominic enderezó los hombros.
Había trabajado casi un año para conseguir aquella inversión.
En la pantalla apareció:
NORTHSTAR MERCER HOLDINGS — 41 %
Dominic palideció.
Richard se inclinó hacia mí.
—Es tu turno.
—¿Mi turno para qué? —preguntó Dominic.
Subí al escenario.
—Northstar no pertenece a Richard.
Un murmullo recorrió el salón.
—Él administra temporalmente mis intereses.
Vanessa soltó una risa nerviosa.
—Eso es absurdo.
Richard colocó una carpeta sobre la mesa.
—Evelyn controla Northstar desde que cumplió treinta años.
Dominic me miró como si acabara de conocerme.
—¿Quién demonios eres?
Respiré profundamente.
—Evelyn Mercer.
El apellido provocó un silencio brutal.
Mi madre había sido la hermana menor de Richard.
Tras su muerte, fui criada lejos de Chicago bajo el apellido de mi padre.
Dominic sabía que mi madre había muerto.
Nunca se había molestado en preguntar quién había sido.
Richard abrió otro documento.
—Y existe un problema adicional.
Durante diez meses, alguien había transferido información confidencial de Vale Maritime a una empresa fantasma.
Las autorizaciones llevaban mi firma.
Una firma falsificada.
Vanessa retrocedió.
Dominic la miró.
—¿Tú hiciste esto?
—No.
—Entonces dame tu teléfono.
Ella corrió.
Seguridad la detuvo antes del ascensor.
Dentro de su bolso encontraron dos teléfonos y una memoria cifrada.
Pero Richard permaneció serio.
—Vanessa no actuaba sola.
Me entregó una fotografía.
La habían tomado seis meses antes.
Vanessa estaba sentada en un restaurante frente a un hombre mayor.
Reconocí inmediatamente su rostro.
Mi padre.
El hombre que supuestamente había muerto cuando yo tenía diecisiete años.
Sentí que me faltaba el aire.
—Eso es imposible.
Richard negó lentamente.
—Tu padre está vivo.
Dominic miró la fotografía.
Entonces cometió un error.
No mostró sorpresa.
Lo miré.
—Tú ya lo sabías.
El silencio de Dominic respondió por él.
Richard dio un paso adelante.
—Pregúntale cuándo descubrió realmente quién eras.
Me volví hacia el hombre con quien había compartido ocho años.
Dominic cerró los ojos.
—Antes de nuestra boda.
Mi corazón se detuvo.
—¿Cuánto antes?
—Antes de conocerte.
Y entonces comprendí que quizá nuestro matrimonio nunca había comenzado por amor.
