—Estuve en el convoy de Kandar —dijo Marcus—. Usted llegó con el equipo que nos sacó de allí.
Recordé la carretera, el humo y una voz pidiendo ayuda desde un vehículo volcado.
—No reconocí su rostro —continuó—. Pero nunca olvidé el nombre del informe.
Travis cruzó los brazos.
—Muy emocionante. Eso no significa que sepa pelear.
Marcus giró hacia él.
—Ella entrenó al equipo que me recuperó. Pero nada de eso importa: la estás presionando delante de tus alumnos.
Le hice una señal para que bajara la mano.
—Aquí no necesitamos saludos ni posiciones de firme.
Megan soltó el aire.
Travis abrió la puerta de la jaula.
—Entonces demuéstralo. Una ronda.
Lo miré.
—Con Marcus supervisando. Contacto ligero. Y paras cuando él lo ordene.
Aceptó demasiado deprisa.
Al sonar la señal, avanzó con una sonrisa. Su primer golpe fue más fuerte de lo acordado.
Retrocedí.
—Controla la intensidad —advirtió Marcus.
Travis volvió a lanzarse.
Esta vez desvié su brazo y salí de su trayectoria. Perdió el equilibrio, pero se recuperó y me agarró del hombro.
Reconocí la misma presión que había usado fuera de la jaula.
Me solté, cambié de posición y lo llevé a la colchoneta. No hubo un golpe espectacular. Solo un movimiento breve y Travis boca abajo, con el brazo controlado.
—Se acabó —ordenó Marcus.
Lo solté inmediatamente y me aparté.
El cronómetro marcaba veinticuatro segundos.
Nadie se rio.
Travis se incorporó, rojo de rabia.
—No estaba preparado.
—Yo tampoco estaba preparada para que mi hermana se casara con alguien que disfruta humillándola —dije.
Megan bajó la mirada.
Entonces comprendí que aquello no había empezado conmigo.
Me acerqué a ella.
—¿También te habla así cuando no hay nadie?
No respondió enseguida. Travis intentó interrumpirla.
Marcus se interpuso.
—Déjala contestar.
Megan me tomó la mano.
—Quiero irme contigo.
No le pedí explicaciones frente al gimnasio. Recogimos nuestras cosas y salimos.
En el coche permaneció callada hasta que cerré su cinturón.
—Pensé que nadie me creería.
Apagué el motor para mirarla.
—Te creo.
Había entrado en aquella jaula para poner un límite.
Salí comprendiendo que mi hermana llevaba años esperando una puerta abierta.