—¡Lily, quédate conmigo! —gritó el doctor Chen.
Las manos del equipo se movieron alrededor de mi hija. Yo me quedé junto a la puerta, temblando, mientras el monitor seguía en silencio.
Entonces apareció una señal débil.
—Hay pulso —dijo alguien—. ¡Llévenla a cuidados intensivos!
Me dejaron acompañar la camilla hasta el ascensor. Antes de que las puertas se cerraran, Lily abrió apenas los ojos.
—Mami…
—Estoy aquí, mi amor.
Quise tomarle la mano, pero una enfermera me pidió que la dejara trabajar. Vi cómo se la llevaban y me quedé sola en el pasillo.
Adrian llegó corriendo poco después.
—¿Cómo está? ¿Está viva?
Lo miré sin responder.
—Daniel salió bien de la operación —añadió, como si esperara que esa noticia lo arreglara todo.
—No vuelvas a hablarme de Daniel como si eso borrara lo que le hiciste a Lily.
Antes de que contestara, una enfermera salió de otra sala. Llevaba una tarjeta infantil apretada entre los dedos.
—El niño del tercer piso despertó —dijo—. Está preguntando por su hermana.
Adrian frunció el ceño.
—¿Su hermana?
La enfermera explicó que Daniel había oído hablar de Lily durante las horas previas a la operación. Quería verla. Yo subí con ella, aunque cada paso me pesaba.
Daniel estaba pálido, conectado a varios monitores. Al verme, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Lily está bien? —preguntó.
No supe qué decir.
—Me dijeron que ella quería ayudarme —susurró—. Pero yo nunca pedí su riñón. Le dije a papá que no quería que le hicieran daño.
Adrian se quedó inmóvil junto a la puerta.
Daniel bajó la mirada.
—Papá dijo que ella ya había aceptado. Que mamá también sabía.
Marina, sentada junto a la cama, se cubrió la boca con ambas manos.
Por primera vez entendí que no solo me había mentido a mí. Había usado a los dos niños para sostener su decisión.
Adrian intentó acercarse, pero Daniel apartó la cara.
—No quiero que vuelvas a decidir por ella —dijo.
Entonces sonó mi teléfono. Era el doctor Chen.
—Isabella, Lily despertó. Pero acaba de decir algo que necesitamos que escuches.
read the entire Part 3 below.