PARTE 2: ALGUIEN LOS ESTABA MIRANDO

Debajo de la fotografía había un mensaje:

“La próxima vez no fallaremos.”

Adrián no respondió.

Regresó inmediatamente al hospital y entregó el teléfono a seguridad.

Después llamó nuevamente a Robles.

—Cambio de prioridad. Alguien tiene acceso al hospital.

—Entendido.

—Y quiero saber qué contenía la memoria del profesor Luna.

Dos horas después llegó la primera respuesta.

Robles habló desde una línea segura.

—Encontramos el vehículo del profesor.

—La policía dijo que cayó por un barranco.

—Sí. Pero alguien retiró una cámara del tablero antes de que llegaran los peritos.

Adrián miró a Valeria.

Ella abrió lentamente los ojos y señaló su mochila.

Dentro del forro, Adrián encontró una pequeña llave.

Valeria escribió:

CASILLERO 317. UNIVERSIDAD.

Aquella misma mañana, las autoridades recibieron formalmente la información y aseguraron el casillero.

Dentro había una memoria USB.

Pero no contenía investigaciones químicas.

Contenía contratos.

Facturas.

Transferencias.

Y fotografías de cargamentos entrando durante la noche en instalaciones universitarias.

Los apellidos Montalvo, Barragán y Villaseñor aparecían repetidamente.

Robles llamó otra vez.

—Los tres muchachos no atacaron a Valeria por una pelea.

—Ya lo sé.

—Querían recuperar esa memoria.

—¿Por orden de sus padres?

—Eso pensábamos.

Hubo una pausa.

—Estábamos equivocados.

Robles envió una fotografía.

Adrián la abrió.

Era Ramiro Casas.

El investigador universitario que había visitado la habitación.

—¿Qué pasa con él?

—No trabaja para la universidad.

Adrián se quedó inmóvil.

—Entonces ¿quién es?

—Su identidad es falsa.

En ese instante escuchó pasos en el pasillo.

Levantó la mirada.

Ramiro acababa de aparecer al otro lado del cristal.

Y esta vez no llevaba libreta.

Llevaba una credencial médica que no le pertenecía.

Adrián se levantó y presionó inmediatamente el botón de emergencia.

Ramiro comprendió que había sido descubierto.

Se dio la vuelta.

Pero seguridad ya venía por ambos extremos del corredor.

Antes de escapar, Ramiro miró directamente a Adrián.

Sonrió.

Y levantó el teléfono.

La pantalla mostraba una sola imagen.

El profesor Luna.

Vivo.

Adrián sintió que todo el caso cambiaba en un segundo.

Si Luna estaba vivo, entonces su supuesto accidente había sido preparado.

Y los tres universitarios privilegiados que habían atacado a Valeria quizá no eran quienes dirigían aquello.

Eran solamente los hijos de hombres poderosos utilizados para recuperar algo que jamás debieron perder.

Adrián miró a su hija.

Después a la memoria USB.

Había regresado buscando justicia para Valeria.

Ahora acababa de descubrir que ella había tropezado con una operación mucho mayor.

Y alguien estaba dispuesto a matar para mantenerla enterrada.

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