—¿Qué quiere Emily? —repitió Gabriel.
La abogada respondió sin vacilar.
—Que firme el divorcio y no vuelva a buscarla.
Gabriel permaneció en silencio.
—¿Eso es todo?
—No.
Caroline pasó una página.
—También solicita que deje de utilizar cualquier participación, contacto o recurso empresarial perteneciente a la familia Shaw.
Gabriel soltó una risa.
—Emily no tiene nada que ver con mi empresa.
—Ahí se equivoca.
La llamada terminó.
Dos horas después, Gabriel recibió una convocatoria urgente del consejo.
Cuando entró, nadie lo saludó.
El presidente deslizó una carpeta hacia él.
—Nuestro principal fondo inversor acaba de retirar su apoyo.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Cuál?
—Shaw Capital.
Sintió un vacío en el estómago.
—¿Shaw?
—La familia de Emily.
Gabriel abrió los documentos.
Durante cinco años, el grupo había sostenido varias líneas de crédito de Cross Corporation mediante sociedades que él nunca se había molestado en investigar.
—Eso es imposible.
El presidente lo miró fríamente.
—Tu esposa no llegó a este matrimonio sin nada, Gabriel.
Entonces entró Natalie.
Estaba pálida.
—Gabriel, tenemos otro problema.
—¿Qué?
—La auditoría encontró gastos personales cargados al viaje de inspección.
Hoteles.
Cenas.
Regalos.
Todo relacionado con Natalie.
El consejo exigía explicaciones.
Gabriel comprendió finalmente la magnitud del desastre.
Había perdido a su madre.
Emily había desaparecido.
Su padre no quería verlo.
Y ahora su puesto comenzaba a tambalearse.
Aquella noche regresó solo a la mansión.
Abrió por primera vez el armario de Emily.
Vacío.
Solo quedaba una pequeña caja.
Dentro encontró fotografías de su madre con Emily.
Citas médicas.
Recetas.
Resultados de análisis.
Emily llevaba meses acompañándola al hospital sin decirle nada.
En el fondo había una carta escrita por su madre.
Gabriel reconoció inmediatamente la letra.
Solo leyó las primeras líneas antes de tener que sentarse.
Su madre sabía que estaba enferma.
Emily también.
Habían intentado decírselo varias veces.
Él nunca había tenido tiempo.
Al final de la carta aparecía una frase:
“Si algún día tienes que elegir entre perseguir a quien se fue y cuidar a quien todavía te ama, espero que esta vez no llegues tarde.”
Gabriel cerró los ojos.
Entonces vio algo detrás de la carta.
Un sobre de una clínica.
A nombre de Emily Shaw.
Fecha: dos semanas antes del viaje.
Lo abrió.
Dentro había una ecografía.
Gabriel dejó de respirar.
En la esquina superior podía leerse:
Embarazo: 9 semanas.
Su teléfono cayó al suelo.

Emily no se había marchado sola.
Y mientras él pasaba tres días con Natalie creyendo que podía regresar a su antigua vida cuando quisiera…
había perdido también la oportunidad de saber que iba a ser padre.