PARTE 2: DEMASIADO TARDE

Adrian tardó varios segundos en reaccionar.

—¿Qué dijo?

El cirujano lo miró con un desprecio imposible de ocultar.

—Su esposa murió a las 21:42. El bebé tampoco sobrevivió.

Evelyn dejó de llorar.

Adrian se levantó lentamente.

—Eso es imposible.

—Yo mismo intenté salvarla.

—Tenía sangre reservada.

El médico apretó la mandíbula.

—La misma sangre que usted ordenó retirar.

Adrian palideció.

Corrió hacia el quirófano.

Cuando llegó, encontró dos cuerpos cubiertos y al equipo médico en absoluto silencio.

—Katherine…

Intentó acercarse.

La enfermera jefe se interpuso.

—No la toque.

Adrian la miró, atónito.

—Soy su esposo.

—Hace una hora también lo era.

Aquellas palabras lo destruyeron.

Entonces apareció un oficial de la policía militar.

No venía solo.

—Mayor general Cole, necesitamos su declaración sobre el tiroteo.

Adrian señaló a Evelyn.

—Fue un accidente.

—Eso dijo usted.

El oficial levantó una bolsa de evidencia.

Dentro había una pequeña cámara de seguridad.

—Pero la grabación muestra algo diferente.

Evelyn retrocedió.

—¿Qué grabación?

El oficial la miró.

—La señorita Blake sacó el arma, quitó el seguro y apuntó antes de disparar.

El rostro de Adrian se vació.

—No.

Evelyn corrió hacia él.

—Adrian, estaba asustada. Yo no quería…

Él apartó sus manos.

Por primera vez.

—¿Quitaste el seguro?

—Escúchame…

—¿Apuntaste a Katherine?

Evelyn comenzó a llorar.

Pero aquella vez Adrian no la abrazó.

Los agentes se acercaron a ella.

—Evelyn Blake, queda detenida mientras investigamos el disparo.

—¡Adrian!

Él permaneció inmóvil.

Entonces el cirujano le entregó otro documento.

—También debe saber algo.

Era la solicitud urgente de transfusión.

Hora: 21:19.

Debajo estaba la negativa.

Su propia firma.

Adrian la contempló durante mucho tiempo.

Veintitrés minutos.

Eso separaba aquella firma de la muerte de Katherine.

—Yo pensé que podía esperar…

—Nosotros le dijimos que no —respondió el médico.

Adrian cerró los ojos.

Pero todavía faltaba el golpe final.

Una enfermera apareció con una carpeta.

—Encontramos esto entre las pertenencias de la señora Cole.

Dentro había una carta.

No era para Adrian.

Era una solicitud de traslado aprobada meses atrás.

Katherine había aceptado un puesto médico en otra provincia.

La fecha prevista para marcharse era dos semanas después del nacimiento.

Adjunto había un borrador de divorcio.

Adrian dejó caer los papeles.

Ella ya había decidido abandonarlo.

Solo había esperado a que naciera su hijo.

Su teléfono vibró entonces.

Era un mensaje del comandante regional:

“Preséntese mañana a primera hora. Se abre investigación sobre su actuación y el uso de su autoridad para alterar recursos médicos.”

Adrian miró nuevamente la puerta del quirófano.

Había perdido a su esposa.

Había perdido a su hijo.

Evelyn estaba detenida.

Y su carrera acababa de entrar en peligro.

Pero cuando abrió la última página de la carpeta de Katherine, encontró algo que hizo que sus manos empezaran a temblar.

Un resultado de ADN prenatal.

Adrian leyó el nombre del padre.

Una vez.

Después otra.

Y comprendió que Katherine había descubierto un secreto sobre su familia antes de morir.

Un secreto que convertía a Evelyn en algo mucho más peligroso que una antigua obsesión.

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