PARTE 2 — SU PROMESA, SU DEUDA

Pensé que aquella conversación terminaría allí.

Me equivocaba.

A la mañana siguiente, Daniel entró al dormitorio con mi tarjeta de crédito en la mano.

—Necesito el código.

Lo miré desde la cama.

—¿Para qué?

—Lily tiene que pagar hoy una parte del depósito.

Me incorporé lentamente.

—Devuélveme la tarjeta.

—Emma, deja de comportarte como una extraña.

—Devuélvemela.

Daniel la lanzó sobre la cama.

—¿De verdad vas a arruinar el futuro de mi hermana por dinero?

Aquella frase terminó de aclarármelo todo.

Su promesa.

Mi responsabilidad.

Su reputación.

Mi deuda.

Me levanté.

—Enséñame tus cuentas.

—¿Qué?

—Dijiste que pagarías sus estudios. Quiero ver cuánto tienes ahorrado.

Daniel endureció el rostro.

—No tienes derecho a revisar mis finanzas.

Sonreí.

—Pero tú sí tienes derecho a gastar las mías.

No respondió.

Esa tarde hice algo que llevaba demasiado tiempo posponiendo.

Revisé nuestras cuentas.

Y descubrí por qué Daniel necesitaba desesperadamente mi tarjeta.

Durante dieciocho meses había transferido dinero a su madre.

5.000.

8.000.

12.000.

Otra transferencia de 20.000.

En total, más de 160.000 yuanes.

Cuando regresó a casa, puse los extractos sobre la mesa.

—Explícame esto.

Daniel palideció.

—Mi madre necesitaba ayuda.

—¿Para qué?

Silencio.

Entonces apareció mi suegra.

Había venido con Lily.

—No interrogues a mi hijo por ayudar a su familia.

—Perfecto.

Giré los documentos hacia ella.

—Entonces devuelva los 160.000 y ya tienen el depósito de Lily.

Su rostro cambió.

—Ese dinero ya se gastó.

Lily frunció el ceño.

—¿En qué?

Nadie contestó.

Finalmente mi suegro apareció detrás de ellas.

—Díselo.

Mi suegra lo fulminó con la mirada.

—¡Cállate!

Demasiado tarde.

Mi suegro respiró profundamente.

—Daniel pagó el anticipo de un apartamento.

Lily abrió los ojos.

—¿Qué apartamento?

Mi suegro la señaló.

—El tuyo.

El silencio fue absoluto.

Lily retrocedió.

—Yo no tengo ningún apartamento.

Miré a Daniel.

Ya sabía que faltaba algo.

—¿A nombre de quién está?

Daniel bajó la cabeza.

Su madre respondió:

—A nombre de Daniel.

Me reí.

No pude evitarlo.

Había financiado regalos para su familia mientras mi esposo desviaba sus ingresos para comprar propiedades a escondidas.

—Emma, puedo explicarlo —dijo Daniel.

—Claro que puedes.

Saqué una carpeta.

La había preparado aquella mañana.

—Pero primero vas a firmar esto.

—¿Qué es?

—Separación de finanzas.

Su madre gritó:

—¡Estás destruyendo tu matrimonio por dinero!

La miré.

—No.

Señalé a su hijo.

—Estoy impidiendo que él lo destruya con el mío.

Daniel rompió los documentos.

—¡No firmaré nada!

Recogí tranquilamente los pedazos.

—No importa.

—¿Qué quieres decir?

—Esta mañana abrí una cuenta exclusivamente a mi nombre. Mi salario ya no entrará en nuestra cuenta conjunta.

Daniel quedó inmóvil.

—Además, cancelé la tarjeta adicional que utilizabas.

Mi suegra palideció.

Lily me miró.

—Entonces… ¿qué pasa con Londres?

Me volví hacia Daniel.

—Pregúntale al mejor hermano del mundo.

Por primera vez nadie lo aplaudió.

Pero entonces Lily sacó lentamente su teléfono.

—Hay algo que ustedes tampoco saben.

Daniel levantó la cabeza.

—¿Qué?

Ella abrió un correo electrónico.

—La universidad me concedió una beca parcial hace tres semanas.

Mi suegra se quedó rígida.

—¿Una beca?

—Sí.

Lily miró directamente a Daniel.

—Y se lo dije a mi hermano.

Sentí un escalofrío.

—Entonces ¿por qué pidió 80.000?

Lily tragó saliva.

—Porque Daniel me dijo que no mencionara la beca.

Todos miramos hacia él.

Daniel retrocedió.

—No es lo que parece.

Lily continuó:

—También me pidió que dijera que necesitaba el depósito esa misma semana.

Miré al hombre con quien llevaba tres años casada.

De pronto comprendí que aquella cena nunca había tratado realmente sobre los estudios de Lily.

—Daniel —pregunté lentamente—, ¿para qué necesitabas mis 80.000 yuanes?

Y por primera vez desde que comenzó todo, mi marido parecía verdaderamente asustado.

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