PARTE 2: SIN ESCONDERME

Al día siguiente llegué a las ocho con una caja vacía.

No llevaba regalos de Ethan.

No tenía muchos.

Siete años juntos y casi todo lo que me había dado podía esconderse en un cajón.

Terminé la entrega antes de las diez.

Cuando Recursos Humanos recibió mi credencial, Ethan todavía no sabía que había renunciado.

Eso cambió a las diez y veinte.

Mi teléfono sonó.

—¿Dónde estás?

—Saliendo del edificio.

—Sube.

—Ya no trabajo allí.

Silencio.

—¿Qué?

—Renuncié.

Su voz se endureció.

—Clara, deja de comportarte como una niña.

Miré las puertas del elevador cerrarse.

—Y tú deja de llamarme como si todavía fuera tu novia.

Colgué.

Veinte minutos después estaba sentada frente a Marcus Hale, mi antiguo mentor.

Dos años atrás me había ofrecido incorporarme a su nueva consultora.

Yo rechacé la propuesta porque significaba viajar constantemente.

Ethan había dicho:

—Si ambos vivimos para el trabajo, esta relación no sobrevivirá.

Qué ironía.

Marcus deslizó un contrato hacia mí.

—Directora de estrategia. El salario es casi el doble de lo que recibías.

Firmé.

Esa tarde Ethan apareció en mi apartamento.

Entró con su llave.

—Tenemos que hablar.

—Devuélveme la llave.

Se quedó inmóvil.

—¿Hablas en serio?

—Mucho.

—¿Todo esto porque ascendieron a Nora?

Me reí.

—Ni siquiera sabías que había renunciado hasta hoy.

—Tengo cuatrocientos empleados.

—Y una novia desde hace siete años.

Eso lo hizo callar.

Entonces su mirada cayó sobre la maleta abierta.

—¿Te vas?

—Sí.

—¿Con quién?

La pregunta casi me hizo reír otra vez.

—A trabajar.

Su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Nora.

Lo puso boca abajo.

Demasiado tarde.

—Contesta —dije.

—No importa.

—Claro que importa. Recuerdas sus antojos, su modelo de teléfono y cuándo tropieza. Sería descortés ignorarla ahora.

Ethan apretó la mandíbula.

—No existe nada entre Nora y yo.

—Ya no necesito saberlo.

Eso pareció asustarlo más que cualquier acusación.

Dos días después comencé mi nuevo trabajo.

Al tercero, Marcus dejó una carpeta sobre mi escritorio.

—Hay algo que deberías ver.

Su empresa estaba compitiendo por una cuenta enorme.

El cliente buscaba reemplazar a su actual consultora después de una auditoría interna.

La consultora actual era la empresa de Ethan.

—No quiero conflictos personales —dije.

—Esto no es personal.

Marcus abrió el expediente.

El cliente había solicitado revisar tres proyectos dirigidos directamente por Ethan.

Uno contenía informes estratégicos casi idénticos a documentos que yo había preparado durante mis prácticas.

Mi nombre no aparecía.

El de Nora sí.

Sentí frío.

—Ella nunca trabajó en estos informes.

—Lo sabemos.

Había fechas.

Historiales de edición.

Archivos originales.

Durante meses, parte del trabajo por el que Nora había recibido elogios provenía de mis documentos.

Entonces entendí por qué su ascenso había sido “anticipado”.

No solo Ethan la trataba de forma diferente.

También había permitido que construyera una carrera sobre mi trabajo.

Mi teléfono vibró.

Un mensaje de Nora.

Clara, Ethan está furioso. Creo que deberías volver y hablar con él antes de empeorar las cosas.

No respondí.

Marcus pasó a la última página.

—Hay algo más extraño.

El ascenso de Nora había sido aprobado tres semanas antes de aquella reunión de los noodles.

Pero la solicitud no la había presentado Ethan.

La firma pertenecía al presidente del consejo.

Debajo había una nota confidencial:

“Promoción necesaria antes de la incorporación de Clara Hayes al Proyecto Atlas.”

Levanté la mirada.

—Nunca he oído hablar de Proyecto Atlas.

Marcus me observó en silencio.

—Entonces quizá deberías preguntarte por qué alguien en la empresa de Ethan llevaba meses preparando tu incorporación sin decírtelo.

Y por qué necesitaban ascender a Nora antes de que tú lo descubrieras.

Related Posts

PARTE 2: LA CARPETA GRIS

Llamé primero al banco. Bloqueé tarjetas, cambié accesos y pedí que ninguna operación pudiera autorizarse sin mi presencia. Después llamé a Elena Robles, la notaria que había…

PARTE 2: LOS 86.000

Leí la carta tres veces. Claire había escrito las últimas páginas con una letra irregular. Daniel cree que no reviso nuestras cuentas porque estoy demasiado enferma. Se…

PARTE 2: LAS LLAVES

Dominic estaba terminando el postre cuando un hombre de traje se acercó a su mesa. —Señor Mercer. Dominic levantó la vista. —¿Sí? —El vehículo estacionado afuera pertenece…

PARTE 2: SIN LLAVES

Ryan aterrizó en Nashville a las nueve y cuarenta y tres. A las diez y doce me llamó diecisiete veces. No contesté hasta la número dieciocho. —¿Qué…

PARTE 2: EL SOBRE

—Felicia —dijo Garrett—, ¿por qué sabes lo que hay dentro? Ella retrocedió. —No sé nada. —Acabas de pedirle que no lo hiciera. Nadie se movió. Le entregué…

PARTE 2: EL CONEJO AMARILLO

Violet no era hija mía. Era la hija que Gabriel había tenido antes de conocerme. Su madre murió cuando ella tenía dos años, y durante los últimos…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *