PARTE 2: NADA ERA SUYO

Mauricio se acercó furioso.

—¡Devuelve la electricidad y deja de hacer el ridículo!

Valeria lo miró con calma.

—La electricidad no es tu problema.

En ese momento, tres camionetas negras se detuvieron frente a la residencia.

Bajaron varios abogados acompañados por personal de seguridad.

El licenciado Cárdenas entregó unos documentos.

—Señora Montemayor, la recuperación del inmueble está autorizada.

Beatriz soltó una carcajada.

—¡Esta casa pertenece a mi hijo!

—No —respondió Cárdenas—. Pertenece a Inmobiliaria Vértice desde hace siete años.

Fernanda dejó de llorar.

—Mauricio me dijo que esta propiedad era suya.

Valeria la miró.

—También te habrá dicho que Desarrollos Alcocer vale cientos de millones.

Mauricio palideció.

—Cállate.

Demasiado tarde.

Cárdenas continuó:

—Grupo Vértice garantizó los principales créditos de su empresa. Hace diez minutos esas garantías fueron retiradas.

El teléfono de Mauricio comenzó a sonar.

Luego el de Beatriz.

Después el del padre de Fernanda.

Mauricio contestó.

—¿Qué?

Su rostro perdió el color.

—¡No pueden congelar todas las líneas de crédito!

Valeria tomó una copa de champán abandonada sobre una mesa.

—Sí pueden.

—¿Quién demonios eres?

Por primera vez, Valeria sonrió.

—Presidenta de Grupo Vértice.

El silencio fue inmediato.

Mauricio retrocedió.

—Eso es mentira.

Cárdenas abrió otra carpeta.

—La señora Valeria Montemayor posee el 72 % del grupo.

Fernanda miró a Mauricio horrorizada.

—¿Entonces tu empresa…?

—Sobrevivía gracias a ella —terminó Valeria.

Beatriz cambió inmediatamente de tono.

—Valeria, hija, podemos hablarlo…

—No soy tu hija. Hace diez minutos dijiste que no pintaba nada aquí.

Los guardias comenzaron a pedir a los invitados que abandonaran la propiedad.

Fernanda se quitó el velo.

—Mauricio, ¿sabías quién era ella?

—¡No importa! Mi empresa puede recuperarse.

Entonces apareció el padre de Fernanda.

—No con nuestro dinero.

Mauricio se quedó helado.

—Señor Salazar…

—Los cuarenta millones quedan cancelados.

Fernanda arrancó la flor de la solapa de Mauricio y la tiró al suelo.

—Me prometiste una mansión y una empresa sólida. Nada era tuyo.

Valeria pasó junto a ellos con su maleta.

Mauricio corrió detrás.

—¡Valeria! ¡Somos marido y mujer!

Ella se detuvo.

—Exactamente.

Sacó un sobre de su bolso.

—Por eso también traje esto.

Era una demanda de divorcio.

Mauricio la miró desesperado.

—¿Planeabas dejarme?

—No.

Valeria observó la boda destruida.

—La preparé durante esos diez minutos.

Le entregó los papeles.

Pero Cárdenas se acercó antes de que pudiera marcharse.

—Señora Montemayor, encontramos algo al bloquear las cuentas.

—¿Qué?

El abogado miró a Mauricio.

—Desarrollos Alcocer transfirió dieciocho millones de pesos durante su viaje.

Mauricio dejó de respirar.

—¿A quién? —preguntó Valeria.

Cárdenas le mostró el documento.

El beneficiario no era Fernanda.

Era Beatriz.

Valeria levantó lentamente la mirada hacia su suegra.

Y entonces comprendió que aquella boda no había sido solamente una traición.

También había sido una distracción.

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