Ryan dejó de sonreír.
—¿Qué quieres decir?
No respondí.
Saqué mi teléfono y conecté la pantalla al televisor del salón.
Mi padre frunció el ceño.
—Chloe, ¿qué estás haciendo?
—Terminando la sorpresa.
Toqué la pantalla.
Apareció la grabación de la cámara del apartamento.
Ryan entrando con Lily.
Lily quitándose el abrigo.
Ryan besándola.
El salón quedó completamente mudo.
La madre de Ryan dejó caer la bolsa de globos.
—No…
La grabación continuó.
Lily se acercó a Ryan y preguntó:
—¿Y si Chloe descubre todo?
Él respondió:
—No lo hará. Después de seis cancelaciones todavía sigue esperándome.
Alguien detrás de mí soltó una maldición.
Ryan se quedó blanco.
—Eso está editado.
Toqué otro archivo.
Apareció una segunda grabación.
Luego una tercera.
Fechas distintas.
Hoteles distintos.
La misma mujer.
El mismo hombre.
La misma mentira.
Mi padre se volvió lentamente hacia Ryan.
—¿Seis años?
Ryan retrocedió.
—Yo puedo explicarlo.
—No —dije—. Ya lo explicaste seis veces.
Lily finalmente salió del dormitorio.
Ya no tenía aquella sonrisa segura.
Mi madre la miró.
—¿Tú eres la famosa mejor amiga?
Lily no respondió.
Mi padre señaló la pantalla.
—¿También vas a decir que eso es un malentendido?
Ryan intentó acercarse a mí.
—Chloe, escúchame. Nunca quise hacerte daño.
Solté una pequeña risa.
—Cancelaste seis bodas.
—Porque…
—Me hiciste esperar seis años.
—Yo estaba confundido.
—No.
Lo miré directamente.
—Estabas cómodo.
Silencio.
Saqué de mi bolso un sobre blanco.
Lo dejé sobre la mesa.
Ryan lo abrió.
Su rostro cambió al leerlo.
—¿Qué es esto?
—La cancelación oficial de nuestra boda.
Su madre levantó la cabeza.
—¿La cancelaste?
—Sí.
Ryan apretó el documento.
—No puedes hacer esto.
—Ya lo hice.
Entonces mi padre dio un paso adelante.
—Y hay algo más.
Le entregó otro sobre.
—La casa donde estás viviendo no es tuya.
Ryan abrió los ojos.
—¿Qué?
—La compró la familia de Chloe hace cinco años. Tú solo tienes derecho de uso mientras exista el compromiso matrimonial.
Ryan se quedó sin palabras.
Mi madre añadió:
—Y como ya no habrá matrimonio, tendrás que desocuparla.
Lily miró a Ryan.
—¿Me dijiste que esa casa era tuya?
Él no respondió.
Ella dio un paso atrás.
—Ryan…
Él intentó tomarle la mano.
Lily la apartó.
—No.
Por primera vez, Ryan parecía completamente solo.
Yo tomé mi abrigo.
—Mañana era nuestra boda.
Él levantó la mirada.
—Chloe…
—Ahora será el día en que todos sepan la verdad.
Caminé hacia la puerta.
Antes de salir, me volví una última vez.

—Y Ryan, no te preocupes.
Sonreí.
—Ya no tendrás que cancelar nuestra boda nunca más.