PARTE 2: La verdad que compraron con una mentira

Permanecí despierta toda la noche.

No por la fiebre.

Por los recuerdos.

Durante seis años había repetido una mentira hasta convencerme de que era necesaria.

Pero escuchar a Luciano decir que me buscó durante un año entero había destruido la única justificación que me quedaba.

A la mañana siguiente recibió una llamada urgente y abandonó el hospital antes de que yo despertara del todo.

Solo dejó un desayuno caliente y una nota escrita con su letra impecable.

“Recupérate. El proyecto puede esperar.”

Apreté el papel entre los dedos.

Entonces sonó mi teléfono.

Era mi madre.

—¿Dónde estás?

—En el hospital.

Hubo un largo silencio.

—¿Luciano ya sabe que regresaste?

—Sí.

Su respiración se volvió inestable.

—Julieta… todavía no puedes contarle la verdad.

Cerré los ojos.

—¿Hasta cuándo?

—Hasta que todo termine.

—Han pasado seis años, mamá.

—Lo sé.

—Pero la familia Lu sigue siendo capaz de destruirnos.

Colgué sin responder.

Dos días después recibí el alta médica.

Cuando regresé a la empresa, todos fingieron que nada había ocurrido.

Solo mi supervisora sonrió.

—El director preguntó por ti todos los días.

Intenté concentrarme en el trabajo.

No pude.

Aquella misma tarde recibí una llamada del hospital.

—Señorita Jiang, necesitamos que venga a recoger algunos documentos que olvidó.

Llegué veinte minutos después.

La enfermera me entregó una carpeta.

—También dejaron esto para usted.

Era una caja pequeña.

Dentro encontré un viejo llavero con forma de luna.

El mismo que Luciano me regaló cuando cumplí veinte años.

Debajo había una tarjeta.

“Nunca lo tiré.”

Sentí un nudo en la garganta.

En ese momento comprendí que ninguno de los dos había seguido adelante.

Esa noche decidí regresar a la antigua casa donde vivía antes de marcharme al extranjero.

La vivienda llevaba años vacía.

Mientras recorría las habitaciones encontré una caja olvidada en el armario de mi antiguo dormitorio.

Dentro había cartas, fotografías… y un sobre que nunca había visto.

Estaba dirigido a mí.

La fecha era exactamente de seis años atrás.

Reconocí inmediatamente la letra.

No era de Luciano.

Era de su madre.

La abrí con las manos temblando.

“Julieta.”

“Si de verdad quieres a mi hijo, desaparece.”

“Los médicos acaban de confirmar que tu padre padece una enfermedad terminal.”

“Sabemos que necesita una operación imposible de pagar.”

“Acepta este dinero, vete del país y no vuelvas a buscar a Luciano.”

“Si permaneces a su lado, utilizaremos todos los recursos de la familia Lu para impedir que tu padre vuelva a recibir tratamiento en cualquier hospital privado de esta ciudad.”

Debajo de la carta había una copia del cheque.

Cinco millones de yuanes.

Y una cláusula escrita a mano.

“Luciano nunca deberá conocer esta conversación.”

Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.

Yo nunca acepté aquel dinero.

Vendí la casa.

Trabajé de día y de noche.

Pedí préstamos para intentar salvar a mi padre.

Aun así murió ocho meses después.

Y durante todo ese tiempo creí que Luciano me odiaba.

Mientras tanto…

Él creyó que yo simplemente había decidido abandonarlo.

Guardé lentamente la carta.

En ese instante sonó mi teléfono.

Era una llamada interna de la empresa.

La secretaria habló con evidente nerviosismo.

—Señorita Jiang…

—La presidenta del consejo acaba de llegar sin avisar.

—Y ha pedido reunirse inmediatamente con el director Lu.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Es la señora Catherine Lu

…la misma mujer cuya firma aparecía al final de la carta que destruyó nuestras vidas hace seis años.

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