Crucé la calle bajo la lluvia y entré al centro médico detrás de ellos.
En recepción, Grace pidió noticias de una niña llamada Lily.
El tono urgente de su voz me hizo olvidar el anillo en mi bolsillo.
—¿Qué le pasa? —pregunté.
Grace se volvió de golpe.
—No tienes derecho a estar aquí.
—Lo sé. Pero dime si está bien.
Antes de que respondiera, una enfermera salió por las puertas dobles.
—Señora, el médico necesita hablar con usted sobre los resultados.
Grace palideció.
Los dos niños se aferraron a su abrigo.
—¿Es grave? —pregunté.
—No es asunto tuyo —dijo ella, pero sus manos temblaban.
La enfermera nos condujo a una sala pequeña.
Grace intentó dejarme fuera, hasta que una voz desde el pasillo llamó a ambos padres.
—¿Ambos? —preguntó ella.
—Necesitamos revisar los antecedentes familiares y explicar las opciones —respondió la enfermera.
Grace cerró los ojos un instante.
Dentro, una doctora señaló una silla y abrió una carpeta.
—Lily tiene un trastorno de la sangre que requiere más pruebas. Queremos descartar una causa hereditaria y evaluar posibles donantes familiares.
Miré a Grace.
—¿Cuándo lo descubriste?
—Hace cuatro meses.
—¿Y por qué no me llamaste?
Su risa sonó amarga.
—Te llamé tres veces. Tu asistente dijo que estabas de viaje. Después tu madre me pidió que dejara de perseguirte.
Sentí que el suelo se movía bajo mis pies.
—Mi madre no sabía nada de estos niños.
Grace apartó la mirada.
La doctora interrumpió antes de que pudiera preguntar más.
—Señor, necesitamos confirmar la relación biológica antes de solicitarle una prueba de compatibilidad.
Sacó un formulario y lo dejó frente a mí.
—Si usted es el padre, una muestra suya podría ayudarnos a encontrar un donante adecuado.
Miré a la niña al otro lado del vidrio.
Lily estaba despierta, con una manta amarilla sobre las piernas.
Al verme, levantó una mano pequeña y la apoyó contra el cristal.
Entonces reconocí el lunar diminuto junto a su pulgar.
Lo tenía mi padre.
Lo tenía yo.
La doctora observó mi rostro.
—¿Conoce antecedentes de enfermedades de la sangre en su familia?
Mi teléfono vibró.
Era mi madre.
“Ryan, no firmes nada. Esos niños no son tuyos.”
Levanté la vista hacia Grace.
Ella leyó el mensaje y susurró:
—Entonces, ¿por qué tu madre me llamó cuando nació Lily?