PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DEL ACCIDENTE

Durante unos segundos, nadie habló.

La sala quedó completamente en silencio.

El único sonido era el tic tac del reloj de la pared.

Mi padre, Robert, siempre había sido un hombre que sabía controlar sus emociones.

Incluso cuando murió mi abuela.

Incluso cuando años atrás anunció mi divorcio delante de toda la familia como si estuviera hablando de una simple negociación.

Pero aquella vez lo vi perder el color del rostro.

—Eso es absurdo —dijo finalmente—. ¿Estás acusando a alguien de mi familia?

Marcus Hale no apartó la mirada.

—No estoy acusando a nadie. Estoy diciendo que hay una investigación abierta.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Miré a mi padre.

Después a mi madre.

Y finalmente a Eleanor.

Mi hermana.

La misma persona cuyo cumpleaños había sido más importante que el funeral de mis hijos.

—¿Qué número apareció? —pregunté.

Marcus bajó lentamente la carpeta.

—Antes de mostrarte cualquier cosa, necesito que entiendas algo, Sienna. Julian no dejó esto sin protección.

Fruncí el ceño.

—¿Qué significa eso?

Marcus sacó otro documento.

—Julian sospechaba que algo no estaba bien.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—¿Sospechaba?

Marcus asintió.

—Dos semanas antes del accidente, Julian contrató a un investigador privado.

Mi madre dio un paso atrás.

—¿Por qué haría algo así?

Marcus la miró.

—Porque alguien intentó acceder a información confidencial de su empresa.

Mis manos empezaron a temblar.

Durante meses pensé que el peor momento de mi vida había sido perder a Julian, Maya y Leo.

Pero ahora una pregunta comenzaba a crecer dentro de mí.

¿Y si alguien había intentado quitármelos?

—¿Quién intentó acceder a esa información? —pregunté.

Marcus miró a mi familia.

—Todavía no tenemos una respuesta definitiva.

Hizo una pausa.

—Pero tenemos una pista.

Sacó una fotografía y la colocó sobre la mesa.

Era una imagen tomada por una cámara de seguridad.

Una persona entrando al edificio de la empresa de Julian.

El rostro no se veía con claridad.

Pero había algo que reconocí.

Un reloj dorado.

Con una pequeña marca en la correa.

Miré lentamente a Eleanor.

Ella llevaba uno exactamente igual.

Mi hermana dio un paso atrás.

—Eso no significa nada.

Su voz sonó demasiado rápida.

Demasiado defensiva.

—Eleanor —dije en voz baja—. ¿Dónde estabas la noche antes del accidente?

Ella abrió la boca.

Pero no respondió.

Mi madre intervino inmediatamente.

—Sienna, estás confundida. Estás pasando por un trauma.

Esa frase.

Siempre habían usado esa frase conmigo.

Cuando era niña.

Cuando Eleanor rompía algo y yo decía la verdad.

Cuando mis padres preferían pensar que yo exageraba antes que aceptar que mi hermana podía equivocarse.

Pero esta vez era diferente.

Porque esta vez ya no tenía nada que perder.

—No estoy confundida, mamá.

Mi voz salió más firme de lo que esperaba.

—Perdí a mi esposo y a mis hijos. Perdí mi antigua vida. Pero no perdí la capacidad de ver quién estuvo conmigo y quién decidió abandonarme.

Mi padre apretó los labios.

—Ten cuidado con lo que dices.

Lo miré directamente.

—¿Como cuando tú me dijiste que no podías ir al funeral porque era el cumpleaños de Eleanor?

Su rostro cambió.

Por primera vez pareció recordar exactamente lo que había hecho.

Pero no pidió perdón.

Nunca lo hacía.

Marcus cerró la carpeta.

—Hay algo más.

Todos lo miramos.

—El camión que provocó el accidente tenía una falla en el sistema de frenos.

Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo.

—¿Una falla?

—Sí.

Marcus respiró profundamente.

—Pero esa falla no fue accidental.

Nadie se movió.

—Alguien manipuló el vehículo antes del accidente.

Mi madre se llevó una mano a la boca.

Eleanor comenzó a negar con la cabeza.

—No… no puede ser.

Pero sus ojos no miraban a Marcus.

Me miraban a mí.

Como si tuviera miedo.

Como si supiera algo.

Entonces mi teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido apareció en la pantalla.

Lo abrí.

Solo había una frase:

“Si quieres saber quién destruyó tu familia, deja de confiar en las personas que dicen amarte.”

Mis dedos se quedaron inmóviles.

Marcus vio mi expresión.

—¿Qué ocurre?

Le entregué el teléfono.

Leyó el mensaje.

Después levantó la mirada lentamente hacia mi padre.

—Creo que esto ya no es solamente una investigación financiera.

Mi padre retrocedió.

—Esto es una locura.

Pero antes de que pudiera continuar, el teléfono de Marcus comenzó a sonar.

Contestó.

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió por completo.

—¿Está seguro?

Silencio.

—Entiendo.

Colgó.

Lo miré.

—¿Qué pasó?

Marcus tardó unos segundos en responder.

Y cuando finalmente habló, sentí que mi mundo volvía a romperse.

—Encontraron al investigador que Julian contrató.

Tragué saliva.

—¿Y?

Marcus me miró con gravedad.

—Antes de desaparecer, dejó una grabación.

El silencio volvió a llenar la habitación.

—Una grabación hecha dos días antes del accidente.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Qué decía?

Marcus abrió lentamente la carpeta.

—Julian mencionó tu nombre.

Mi respiración se detuvo.

—Y dijo una frase que cambia todo.

Mi padre bajó la mirada.

Eleanor dejó de fingir tranquilidad.

Marcus encendió el audio.

Durante unos segundos solo se escuchó estática.

Luego apareció la voz de Julian.

La voz que no había escuchado desde aquella mañana.

Mi corazón se rompió al instante.

—Sienna… si estás escuchando esto, significa que algo salió mal.

Mis lágrimas comenzaron a caer.

Pero entonces escuché las siguientes palabras.

Y comprendí que Julian había estado intentando protegerme incluso después de morir.

—No busques fuera de la familia.

Pausa.

Un sonido de respiración al fondo.

Después su voz volvió.

Más baja.

Más seria.

—La persona que más daño puede hacerte no es un enemigo desconocido.

Sentí que todos los músculos de mi cuerpo se tensaban.

Julian terminó diciendo:

—Está dentro de nuestra propia familia.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Entonces miré a mi padre.

A mi madre.

A Eleanor.

Y por primera vez comprendí algo.

Quizás ellos no habían faltado a mi funeral porque no les importaba.

Quizás no habían ido porque tenían miedo de lo que yo pudiera descubrir.

Y seis meses después de perder a mi esposo y a mis hijos…

Estaba a punto de descubrir quién había sido realmente mi enemigo.

Pero antes de que Marcus pudiera decir una palabra más, Eleanor dio un paso hacia la puerta.

Y susurró:

—No saben toda la verdad.

Me giré hacia ella.

—¿Qué verdad?

Ella me miró con los ojos llenos de miedo.

Y dijo:

—Julian no murió por casualidad.

Pausa.

—Pero tampoco fue él la única persona que estaba en peligro aquella noche.

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