Nathaniel apretó el colgante bajo su uniforme.
—Tío, esto es un asunto entre Amelia y yo.
Marcus se detuvo a mi lado.
—Desde que cambiaste deliberadamente el nombre del informe matrimonial, dejaste de tener derecho a decir eso.
El rostro de Nathaniel perdió color.
Ivy retrocedió.
—¿Cómo lo sabes?
Marcus lo miró con frialdad.
—Porque el informe llegó a mi escritorio para aprobación.
El silencio fue absoluto.
Nathaniel soltó una risa forzada.
—Entonces sabes que fue una broma.
—Lo sé.
—Perfecto. Corrígelo.
Marcus apoyó ambas manos sobre el bastón.
—Ya fue aprobado.
Nathaniel dejó de respirar.
Yo también.
Marcus giró hacia mí.
—La autorización definitiva llegó esta mañana.
Sacó un documento sellado.
Mi nombre.
Su nombre.
Aprobado.
Nathaniel se lanzó hacia el papel.
—¡No puedes casarte con ella!
Marcus ni siquiera retrocedió.
—Fuiste tú quien presentó mi nombre.
—¡Porque sabía que nunca aceptarías!
Por primera vez apareció algo parecido a una sonrisa en el rostro de Marcus.
—Calculaste mal.
Nathaniel me miró.
—Amelia, dile que esto termina aquí.
Negué suavemente.
—Mañana me casaré con Marcus.
Algo se quebró en sus ojos.
Entonces arrancó el colgante de jade de su cuello y lo dejó sobre la mesa.
—Bien.
Tomó la mano de Ivy.
—Cuando te arrepientas, no vengas buscándome.
Marcus recogió el colgante.
Pero no me lo entregó.
—Esto perteneció a tu madre, ¿verdad?
Asentí.
Su mirada se endureció.
—Entonces hay algo que debes saber.
Nathaniel se detuvo junto a la puerta.
Marcus giró el jade.
En la parte posterior había una pequeña grieta.
Presionó el borde.
El colgante se abrió.
Dentro apareció un diminuto papel enrollado.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué es eso?
Marcus lo desplegó.
Era una lista de nombres y fechas.
Reconocí inmediatamente la letra de mi padre.
Nathaniel también.
—¿Por qué tienes eso? —preguntó.
Marcus levantó la mirada.
—No lo tengo yo.
Señaló el colgante.
—Lo has llevado tú durante diez años.
Nathaniel palideció.
La última fecha correspondía exactamente al día en que mi padre murió durante una misión clasificada.
Junto a ella aparecían tres iniciales.
N.S.
Nathaniel Shaw.
Sentí frío.
—Nathaniel tenía dieciocho años entonces.
—Exactamente —respondió Marcus.
Después señaló otro nombre.
Ivy Lane.
Ella dejó escapar un jadeo.
Pero la fecha escrita junto a su nombre era imposible.
Correspondía a quince años antes de que Nathaniel supuestamente la encontrara en aquella zona de guerra.
Marcus miró directamente a Ivy.
—Dijiste que no conocías a la familia Hayes antes de llegar aquí.
Ivy retrocedió hacia la puerta.
Marcus sacó otro documento de su uniforme.
—Entonces explícame por qué tu nombre aparece en el expediente secreto de la última misión del padre de Amelia.
Nathaniel soltó lentamente la mano de Ivy.
Y ella, por primera vez desde que la conocía, dejó de parecer frágil.
